Baltasar López

La Velá de Ambrosio Baltasar López

Excluir parte de los actos religiosos del programa de las fiestas de la Fuensanta no es laicismo. Es sectarismo

El Ayuntamiento ha hecho acto de contrición. A diferencia de lo que pasó en 2015, ha incluido en el programa de la Velá de la Fuensanta la procesión de la Virgen. Eso sí, es un arrepentimiento a medias: en el folleto oficial se ha recogido sólo la llegada esta noche de la imagen de la copatrona de la ciudad a su santuario. No contempla la salida del cortejo de la Mezquita-Catedral (también hoy) o la popular y central misa de mañana. La alcaldesa, Isabel Ambrosio (PSOE), ha intentado expiar su culpa en este despropósito. Ha alegado que «se ha hecho un esfuerzo por todas las partes [Capitulares organiza esta celebración con el Consejo de Distrito Sureste (órgano de participación ciudadana)] para que haya una programación completa y sin exclusiones».

¿Esfuerzo? Pero, ¿alguien ha tenido que convencer a alguien en la planificación de estos festejos de que lo que se celebra tiene un hondo origen cristiano? España es un estado aconfesional en el que cada cual tiene libertad para mantener la relación que considere con la religión. Por ello, las citadas exclusiones del programa de la Velá son fruto de convertir algo de sentido común —la separación entre las Administraciones y las distintas confesiones— en anticatolicismo.

El laicismo debe consistir en que poderes públicos y religiones se hallen en esferas independientes, entre las que se tiendan puentes de respeto mutuo y colaboración. Que levante la mano a quien le parezca mal apoyar la magnífica labor social de las oenegés de inspiración católica. Esperen, lectores. Veo algunas extremidades levantadas. Sí. Son las de los lumbreras del cogobierno PSOE-IU que decidieron quitarles ayudas directas a colectivos de orientación cristiana como Fuente de Vida (7.000 euros) o la Fundación Bangassou (12.000). Eso, lo mismo que no incluir tradicionales celebraciones religiosas en el programa de un festejo, no es laicismo. Es sectarismo.

Y la regidora debiera caerse de ese caballo, para ver la luz de la tolerancia, esa que ella alaba de nuestro pasado, pero que le cuesta engrandecer en el presente. Porque nadie le pide, si no desea hacerlo por motivos de conciencia, que vaya a la procesión de la Fuensanta o a la misa de mañana, aunque sí parece lógica una presencia institucional de Capitulares, como en cualquier acto relevante de la capital. Sí se le exige a Ambrosio, como alcaldesa de todos —católicos, musulmanes, judíos, ateos, agnósticos o fieles de la iglesia maradoniana—, que no peque siendo rehén de determinadas sensibilidades políticas y ciudadanas, minoritarias. Son esas que niegan que el catolicismo sea una de las raíces sobre las que se levanta nuestra sociedad. Son los cordobeses los que tienen que decidir su relación con cualquier confesión. El Ayuntamiento no está para eso. Si a este bipartito tanto le obsesiona la religión, que se entregue en cuerpo y alma a poner su granito de arena para que se obre el milagro de que algún día el paro deje de convertir esta ciudad en un infierno para miles y miles y miles de personas.

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