SALUD MENTAL

El trastorno psiquiátrico se ceba con los jóvenes

En torno a 800 adolescentes precisan de tratamiento cada año por desajustes familiares y la crisis

Un enfermo mental desde la prisión
Un enfermo mental desde la prisión - ARCHIVO

El dato es escalofriante. Unos ochocientos cordobeses que no han llegado aún a la edad adulta precisan de tratamiento psiquiátrico. El caso es que en los perfiles más sólidos de enfermos mentales hay un tipo que se afianza cada vez con más fuerza: se trata de los adolescentes y los jóvenes. El día contra esta clase de enfermedades, que se ha celebrado esta semana, ha dejado claro que las asociaciones de pacientes piden más atención para los enfermos menores de edad porque este grupo ha crecido de un modo importante en los últimos años, debido sobre todo por el azote de la crisis y su estallido en el ámbito familiar. La doctora Carmen Prada es la directora de la Unidad de Gestión Clínica de Salud Mental del Hospital Reina Sofía de Córdoba y confirma que esta tendencia se ha acrecentado en los últimos siete años. «Cada vez se dan más cuadros de depresiones, de desajustes adaptativos y de falta de recursos a la hora de enfrentarse a problemas de la vida entre la población menor de edad», afirma la especialista.

Esta opinión es la misma que sostiene la directora general de la Asociación de Allegados y Personas con Enfermedad Mental de Córdoba (Asaenec), Susana Luque, que entronca este fenómeno con la crisis de un modo directo. «Los menores han sufrido de un modo muy crudo la situación económica que hemos vivido pero hay un elemento más, como es el consumo de drogas que pueden derivar en problemas mentales».

El itinerario asistencial que sigue un niño o un joven con disfunciones mentales es similar a la de un adulto. Lo explica la doctora Prada: «La asistencia a personas con problemas psiquiátricos comienza en la atención primaria, que resulta fundamental porque hay entra mucho en juego la confianza y el conocimiento de la realidad del paciente». Si en ese nivel no fructifica la ayuda es preciso que el enfermo pase al siguiente escalón, que es el de las unidades de salud mental comunitarias —conocidas como las usmc—, que funcionan como las consultas externas de especialista. En la provincia existen cinco unidades de este tipo: tres de ellas están en la provincia y desde Montilla, Montoro y Palma del Río dan cobertura a toda la demarcación. En la capital hay dos unidades más, que son que se encuentran ubicadas en los centros de especialistas del Sector Sur y de Arroyo del Moro.

¿Cuántos pacientes atiende de media al año este tipo de unidades? «Durante 2015 hemos asistido en este nivel asistencial a 17.700 personas, de las cuales 750 se encuentran en fases graves de las patologías mentales», resalta la responsable del servicio de Salud Mental, que agrega que la cifra creció en unos 2.500 casos respecto al ejercicio 2014. De otro lado, el cuidado de la mente de los menores de edad está centralizado en Los Morales, donde tiene su sede una unidad Infanto-Juvenil, volcada sobre todo en la recuperación de personas de poca edad con trastornos de la conducta alimentaria o con autismo.

Pero, ¿cuántas personas hay en Córdoba con problemas mentales? Los datos que maneja la directora general de Asaenec informa de que «el número de personas con enfermedad mental cada vez es más alto año tras año, de tal manera que estimamos que existen en la provincia en torno a 8.000 afectados. Y van a más, por lo que nos parece que es necesario incrementar el número de recursos sociales y residenciales ante la gran demanda existente».

En cuanto a patologías psiquiátricas más comunes en la actualidad, la doctora Carmen Prada relata que la que es más frecuente, además de la que experimenta una tendencia al alza más acusada, es la agrupa toda la gama de depresiones y cuadros de ansiedad «por la imposibilidad de asumir con normalidad los conflictos de la vida». En un segundo nivel se hallan todos los problemas derivados de los trastornos de personalidad, «que van a más con fuerza en los últimos años y que presentan síntomas como desajustes en la adaptación a nueva situaciones, intolerancia a las frustraciones y, en un grado más avanzado, el consumo de tóxicos [o drogas]».

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