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Temporada baja Natividad Gavira

El verano cordobés es un buen catalizador de nuestras carencias turísticas. Es hora de trabajar y abandonar polémicas

Temporada baja

En pleno verano viajar a Córdoba y disfrutarla tiene pocos alicientes para quienes conozcan su clima, hay que reconocerlo. Se puede y se debe venir a Córdoba - si es que quedan anfitriones para recibir al visitante tras el intenso calor- pero el cambio climático nos indica que habría que buscar otra nomenclatura para denominar eso de temporada baja. Baja es la presión arterial de los escasos turistas, más bajo aún la rentabilidad de su estancia, así que no estará de mal indicar para futuros eventos de divulgación turística algún sintagma que disfrace el verano cordobés si queremos seguir viendo japoneses en las calles, esa gente silente y sufrida que camina en grupo y no conoce el crepitar del asfalto y la huida de los lugareños a Fuengirola. Ellos buscan cultura exótica y nosotros les ofrecemos taza y media: somos refugiados domésticos mientras ellos esperaban vernos con peinetas y monteras paseando por la calle.

Todos conocemos a alguien que cuenta con detalle cómo fue aquel quince de agosto cuando al bajar del coche o del tren que les trajo hasta Córdoba creyeron que había una suerte de soplillo en sus cogotes, de esos que usan ahora los cocineros de la tele. Gente que entiende Córdoba en verano como un estado de ánimo rendido, que se distancia de ti unos metros cuando le indicas el último récord de insomnio que el calor te regaló, esos a los que llevas invitando a tu ciudad décadas y como son gallegos postergan una y otra vez su visita, hasta el fin de los tiempos.

El turismo de interior no está de moda en verano, es tiempo de desatender algunas inquietudes de orden intelectual, pensaran quienes mientras preparan su viaje de verano ante el ordenador y se lanzan a conjugar otras apetencias que más tienen que ver con la usencia de equipaje y de horarios. Muchos de ellos desearían conocer la ciudad, pero en plena canícula funcionan como un testamento estival el asunto de las opiniones y las estrellitas que valora la calidad de la estancia. Todo va bien hasta que la parte contratante comienza a leer mucho calor, mucho calor.

Así que el verano cordobés es un buen catalizador de todas nuestras carencias turísticas y una vez establecido el único factor que puede limitar el crecimiento turístico de Córdoba, ambicionar un nuevo destino. Septiembre será el año nuevo del turismo cordobés. Otro año de indecisiones políticas resulta inadmisible. Otro año de inactividad para el Instituto de Turismo de Córdoba resultaría insostenible, el sector no resiste ni una algarada más entre políticos. Es necesario que septiembre nos devuelva algo de aire fresco y otro tanto de audacia e iniciativa, más allá de declaraciones institucionales con motivo del 25 aniversario del grupo de ciudades patrimonio de la humanidad. Hemos localizado sin paliativos nuestro enemigo: el verano. El resto es trabajar y abandonar polémicas.

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