Francisco de Paula Algar, delegado de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía en Córdoba
Francisco de Paula Algar, delegado de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía en Córdoba - VALERIO MERINO
VERSO SUELTO

Soñar espabilado

Los que legislan y desarrollan reglamentos pueden mejorarse la vida a sí mismos sin saltarse la ley, que para algo hacen ellos

CÓRDOBAActualizado:

Quién quiere la perfección si puede soñar despierto. No sé si los psicólogos recomendarán o desaconsejerán la práctica de dejar volar la mente con cuentos utópicos en los que el protagonista ve su nombre escrito en los carteles del cine y va del brazo de mujeres intocables para los demás, pero algo de terapia debe de tener. Frente a la realidad gris y nublada de todos los días, la ensoñación ayuda por lo menos a escaparse, pinta un horizonte de una esperanza casi siempre falsa pero que endulza el día en algunos momentos, deja el sabor del triunfo de que detrás de los golpes de los remos en la galera habrá una playa con palmeras, cocos y arenas fina en la que dejar descansar los huesos y curarse de la espalda los latigazos.

En esos sueños, los que desde niños somos aficionados lo sabemos, todo es perfecto porque se construyen como un cuento. Nadie se conforma con un piso digno y mediano si puede aspirar a un chalé con un simple pensamiento y el chaval que le da patadas a un balón a lo mejor en el futuro se conforma con un equipo que se mantenga con dignidad en Primera, pero cuando le da vueltas a la cabeza quiere levantar la Champions aunque sea empezando la final de suplente. Mal administrados, estos relatos privados y fantasiosos quizá lleven a no saber distinguirlos de la realidad, pero quién sabe cuántos guiones de estupendas películas y novelones decimonónicos habrán salido de ratos en que sus autores se dejaron volar con la cabeza más allá de los límites del mundo.

La mayoría no suelen darse cuenta hasta que es demasiado tarde, pero también es posible conseguir poner la realidad al servicio de sus sueños. No se trata de forjar una nueva realidad, cambiar el país ni abrir nuevos horizontes para la humanidad: lo que se consigue no es más que un buen paso adelante para uno mismo. Pasa de soñar despierto a soñar espabilado, un adjetivo que para mí, que me tengo por ciudadano de los que no se pasan la vida pensando en cómo darle la patada en la espinilla a los demás o en cómo adelantar por el arcén, tiene retintín para hablar del que está despierto gracias al café de las malas artes.

No lo son todos, que conste, pero muchos políticos disfrutan en la vida de lo que sueñan espabilados. Después de todo son quienes legislan y desarrollan los reglamentos, y con una simple coma pueden mejorarse la vida a sí mismos, casi siempre sin que se arme un escándalo y sin saltarse la ley, que por algo la hacen ellos. Cuando a uno le ofrecen un trabajo fuera de su ciudad y no quiere cambiar a los niños de colegio ni sacar a su pareja del entorno de los amigos, sueña con que la empresa le diga que le paga el AVE o que le deja un piso, para que no se tenga que dejar una parte del dinero en un alquiler. Los delegados de la Junta no han tenido que perderse en fantasías: otros pensaron en ellos y les dieron carrete. Más de 1.300 euros cobra el de Medio Ambiente, Francisco de Paula Algar, aquel que casi no se enteró de que había una gigantesca columna de humo tóxico en Córdoba durante cinco días, para pagarse una casa en Córdoba, además de un sueldo que no es pequeño. Dice que no es ilegal y es verdad: después de todo muchos lucentinos como él que trabajen fuera habrán soñado alguna vez con algo parecido para conciliar la vida laboral y el ejercicio del paisanaje. Pero no va a tener la culpa el pobre hombre de que no hayan llegado a políticos.