Rafael González - LA CERA QUE ARDE

Una ronda Rafael González

El Ayuntamiento ha dibujado cómo quiere que sea el Marrubial en un futuro

Hace tres años estuve en la fiesta de la bicicleta con mis hijos y el área de seguridad, movilidad y sorpresas nos desvió el recorrido por la Ronda del Marrubial. Era una edición dedicada al casco patrimonial, histórico y transversal y se convirtió en un trayecto inolvidable sobre todo para los chiquillos. Desde entonces los niños, cuando les digo que vamos a dar una vuelta en bici, me miran raro. Aún recuerdan ese Marrubial en sus culetes y casi en sus piños. Huelga decir que no he vuelto a ninguna fiesta de la bicicleta, porque no me fío ni de los patrocinadores ni de los administrantes públicos, que te acaban metiendo en avenidas impracticables llenas de gente en mallas, que es algo que pensado fríamente ningún ser humano en sus cabales haría. Ni eso ni colarse en un concurso de coros rocieros. El caso es que la Ronda del Marrubial sigue ahí y en el mismo estado marciano que la hace única e impracticable.

Parece ser que el Ayuntamiento ha hecho una redacción y ha dibujado lo que debe ser dicha ronda en un futuro indeterminado, que es el futuro cordobés. En el dibujo se contemplan varios carriles, como dos para allá y dos para acá. Más o menos. Eso es bueno porque, en efecto, los vehículos circulan hacia una dirección y la contraria en circunstancias normales, salvo que sea una vía de sentido único que es la que desemboca en las A-4. De hecho es bastante probable que en el nuevo trazado de la Ronda del Marrubial acabemos accediendo a la salida del estadio si queremos ir a Edisol, por ejemplo. Es el camino más lógico según el pensamiento abstracto de las administraciones públicas, que es el razonamiento que consiste en hacer más emocionante la vida del contribuyente. Es por ello que se contemplan hasta cuatro carriles en la futura ronda, uno de ellos parece ser que reversible. Con esto hay que tener cuidado porque lo mismo te puede llevar para Ollerías o para la avenida de Barcelona, y de todos es sabido que de la avenida de Barcelona no se sale una vez estés dentro o se sale envejecido y con nietos. Además los cordobeses (y las cordobesas) no estamos muy familiarizados con esas moderneces de los carriles reversibles como podemos comprobar en Sevilla, sin ir más lejos, en el Puente del Quinto Centenario, donde más de un parcelista se queda atrapado en su viaje a Huelva y no sabe si seguir para Isla Mágica o volver al pleno ordinario a pedir agua potable a Ambrosio.

Se llenó la pasada semana el salón plenario de parcelistas en actitud agresiva, mitad por el resultado electoral norteamericano que tanto les ha afectado a sus pacifistas ánimos, mitad porque quieren agua potable, ya que han acabado con todos los veneros naturales de la zona. Ambrosio estaba muy entretenida con el proyecto del Marrubial como para atenderles y García estaba cerrando Cosmos. Se montó lo que en cordobés castizo se conoce como un cipote, que es precisamente lo que se quiere evitar con la reforma de la Ronda del Marrubial, con sus varias vías, un carril bici, semáforos trifásicos y quizá alguna rotonda para que no perdamos la sana costumbre de darnos una galleta tras el volante.

El proyecto ahora pasa a la Junta de Andalucía, que lo ejecutará. Literalmente. Como el Palacio de Congresos.

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