AGRICULTURA

El reto de los regantes: producir más con menos agua

El Plan Hidrológico del Guadalquivir no ayuda a la implantación de cultivos como el almendro o el olivar superintensivo

Obra de la CHG en el río Guadalquivir para recuperar su cauce
Obra de la CHG en el río Guadalquivir para recuperar su cauce - ABC

El sector agrario se ecuentra ante uno de los retos más difíciles de los últimos tiempos: producir más con menos agua. Así lo resume el director del Servicio Agrario de Cajasur Banco, Francisco de la Torre, que señala que «en 2050 vamos a tener una población mundial de 10.000 millones de personas, según los expertos, menos tierra cultivable y menos agua».

Cajasur, en colaboración con la Universidad Loyola Andalucía, organizó la semana pasada una jornada que tuvo como objetivo analizar la situación de los regantes ante el Plan Hidrológico del Guadalquivir, con una ponencia que corrió a cargo de la socia directora del despacho Gutiérrez Labrador Abogados, especializado en Medio Ambiente, Carmen Gutiérrez.

El principal obstáculo con el que se encuentran los agricultores cuyos cultivos dependen del riego es que, una vez más, la hoja de ruta para la gestión del Guadalquivir entre 2016 y 2021 deja fuera la histórica reivindicación del sector de la creación del Banco Público del Agua, un instrumento para racionalizar y hacer más eficaz y eficientes los regadíos.

«Seguimos con los mismos sistemas de aprovechamiento del agua de principios del siglo XX», sentenció Labrador. Es por ello por lo que se precisa «un cambio fundamental». Y ahí entra en juego el Banco Público del Agua para romper el actual sistema de concesiones de títulos de derechos de agua —algunos de 40 años— que penalizan a aquellos agricultores que deciden cambiar de cultivo y, por lo tanto, necesitan más agua o todo lo contrario para sacar adelante sus explotaciones.

Otra traba que no resuelve el actual plan hidrológico es el empleo de los aprovechamientos de agua para aplicarlos a nuevas zonas porque los cultivos donde se está regando supongan mayores costes. «Hay personas que no riegan y sería necesario ampliar la zona para poder amortizar las infraestructuras que se hayan creado».

Burocracia

La actual hoja de ruta del Guadalquivir tampoco contempla la unión de comunidades de regantes, para con las mismas dotaciones de agua, abarcar nuevos terrenos para su cultivo.

«Todo esto sería muy fácil de gestionar con el Banco Público del Agua, que ya se contemplaba en la ley del agua de 1985 y de 2001 para que el derecho del agua pueda ser flexible, en cierto modo móvil, reversible y fijar procedimientos rápidos de decisión para supuestos concretos que no afecten al aprovechamiento del agua», indicó Gutiérrez.

En relación a este último aspecto, ocurre que muchos regantes solicitan cambios en sus aprovechamientos y suele pasar que caduque el plan hidrológico y sigan sin una respuestas, es decir, que el organismo de la cuenca tarda «hasta 10, 20 y 30 años en dar respuesta a algunas peticiones», setención la directiva de Gutiérrez Labrador Abogados.

Hay otro aspecto que refleja la inflexiblidad del actual plan hidrológico para dar cabida a los cultivos incipientes en la provincia, como es la implantación de almendros, que empezó a experimentar un «boom» desde 2014, y del olivar de riego superintensivo.

Las dotaciones que se contemplan para los citados cultivos, los de mayor progresión en la provincia, son aportaciones básicas. Para el olivar solo se contemplan 1.500 hectómetros cúbicos por hectárea, que cubre las necesidades del olivar en intensivo, pero no la modalidad en superintensivo, que demanda más agua para su riego.

Con el almendro ocurre igual, la dotación concedida es de 1.500 metros cúbicos por hectárea cuando la demanda para ser viable es de 4.000, señalan los expertos.

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