CULTURA

La resurrección del Gran Teatro

En 2016 se cumplen 30 años de la remodelación del edificio, que ha pasado inadvertida en el Ayuntamiento

Obras en el Gran Teatro durante los años 80
Obras en el Gran Teatro durante los años 80 - ARCHIVO MUNICIPAL

Los tres han vuelto muchas veces. Uno encontró la fórmula para equilibrar el éxito entre los cabales del arte flamenco y la apertura a nuevos públicos; ella empezó a coronarse como gran bailaora, el último convocó a las musas del arte jondo con la guitarra y se ganó el respeto de los aficionados y de los maestros. ¿Recordarán José Mercé, Inmaculada Aguilar y José Antonio Rodríguez que recibieron los primeros aplausos entustiastas del público del Gran Teatro tras su reapertura?

En la primavera de 1986 comenzó la undécima edición del Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba y con ella no sólo se inauguraba el renovado Gran Teatro, sino que para este edificio del bulevar del Gran Capitán comenzaba una nueva etapa, en la que tenía que ser el gran estandarte de la cultura escénica en la ciudad.

Los 30 años de la recuperación del Gran Teatro y de su conversión en institución cultural del Ayuntamiento han pasado en este año desapercibidos y sin embargo la historia del edificio y de sus usos también es un relato del devenir de la ciudad y de su sociedad en este tiempo.

Desde su inauguración en 1873, el Gran Teatro había sido de promoción privada, como luego lo serían los cines. Lo promovió el empresario Pedro López, que confió en el arquitecto Amadeo Rodríguez. Llamaron también la atención las pinturas de Francisco González Candelbac. Cuentan las crónicas que incluso la construcción de las butacas se hizo al aire libre, fuera del recinto, para crear expectación. El 25 de septiembre de 1873, hace hoy 143 años, la ópera «Martha», de Friedrich von Flotow inauguró el que desde el principio se llamó Gran Teatro de Córdoba. Pedro López lo gestionó hasta 1920; a partir de entonces pasó a manos de la empresa Guerrero.

En 1982, ya con el primer Ayuntamiento democrático y con Julio Anguita como alcalde, se falló el concurso que se había convocado para el proyecto de reforma, que ganó el arquitecto cordobés José Antonio Gómez Luengo. A él le correspondió dar al Gran Teatro el aspecto que hoy tiene, aunque respetando su estampa y el carácter neoclásico y decimonónico con que nació.

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