Interior de la Mezquita-Catedral de Córdoba
Interior de la Mezquita-Catedral de Córdoba - VALERIO MERINO
ESTUDIO

Rafael Moneo y las vidas de la Mezquita-Catedral de Córdoba

El prestigioso arquitecto elogia en un libro cómo el edificio ha mantenido su esencia en todas las intervenciones

CÓRDOBAActualizado:

«Una obra de arquitectura envejece de modo bien distinto al que envejece un cuadro. El tiempo no es sólo pátina para la obra de arquitectura y, con frecuencia, los edificios sufren ampliaciones, sustituyen o alteran espacios y elementos», cuenta. Firma el texto Rafael Moneo (Tudela, 1937), el más prestigioso de los arquitectos españoles vivos, que ha dedicado un libro a hablar de cómo pasan los años para las construcciones, y con un gran monumento cordobés en muy primer plano.

«La vida de los edificios. La mezquita de Córdoba, la lonja de Sevilla y un carmen en Granada» es el título del libro del que se extrae este texto, que ha publicado la editorial Acantilado, y que ha sorprendido por el profundo conocimiento que Moneo tiene de la Mezquita-Catedral y el elogio de todas sus intervenciones.

Para Moneo, la clave del edificio está en «la estructura formal», que no es sólo aquella con la que se comenzó a construir en el siglo VIII, sino que después se mantuvo a pesar de las muchas y muy distintas intervenciones que sufrió. Los principios en que se apoya «se definieron con claridad suficiente para que, y a pesar incluso de aparentes contradicciones, estuvieran siempre presentes y siempre fuesen respetados por los arquitectos que sobre la Mezquita actuaron, permaneciendo constantes a lo largo de las continuas intervenciones en ella».

-VALERIO MERINO

La segunda sería más difícil. «A pesar de las duras y repetidas críticas que ha recibido la catedral, la obra de Hernán Ruiz fue realizada con talento y habilidad. Se trataba de un encargo difícil y fue resuelto con extrema sabiduría», opina el autor de «La vida de los edificios», que también tiene palabras de elogio para el lugar elegido para la construcción del crucero, que sería determinante para la conservación y percepción de la Mezquita-Catedral a partir de entonces.

Por eso ensalza «el ingenioso modo en que el impresionante hueco de la catedral niega violentamente la modesta altura de la mezquita, aumentando así el dramatismo que implica el encuentro de dos arquitecturas tan diferentes». Y aquí había una paradoja: «la catedral favorecía la unidad de la mezquita; incluso la ampliación de Almanzor, que hasta entonces había carecido de sentido, adquirió coherencia al envolver el cuerpo de la iglesia cristiana». Ya no había varias mezquitas, según los califas, sino una sola, concluye Rafael Moneo: «La compleja e inaprensible Mezquita de Córdoba».