Perdonen las molestias

El pisito

El señor delegado percibe 1.357 euros en concepto de vivienda, aparte salario. Lo cual no está ni bien ni mal sino todo lo contrario

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La Junta de Andalucía presta cada mes una ayuda por vivienda al delegado de Medio Ambiente de 1.357 euros. El señor Algar es natural de Lucena y su puesto de trabajo como representante del Gobierno andaluz se encuentra a 75,3 kilómetros, razón por la cual solicitó la compensación por alojamiento correspondiente. Un delegado de la Junta cobra 46.530 euros al año. Casi tres veces más que el salario medio en Andalucía, situado en 18.101 euros. Y casi cinco veces más que el salario mínimo interprofesional, fijado para 2017 en 9.906,40 euros.

El señor Algar percibe un sueldo digno. Ni alto ni bajo sino todo lo contrario. Un salario acorde con la honorabilidad del cargo que ostenta en representación de la administración autonómica. Forma parte de un cuerpo político sometido a un acusado desgaste de legitimidad en los últimos años por sus, a menudo, sonrojantes privilegios y su creciente alejamiento de la realidad ciudadana. Debe, por lo tanto, extremar su prudencia para no agravar el deterioro de la imagen pública de la administración y despeñar la democracia por el acantilado de la desafección.

El delegado de Medio Ambiente se ha acogido a la cuantía máxima prevista en la normativa como dieta complementaria por vivienda. 1.357 euros. Lo que en términos anuales representa 16.284 euros, que hay que sumar a los 46.530 que ingresa en concepto de salario. Un alquiler medio en Córdoba se sitúa en 650 euros. Menos de la mitad de lo que el señor Algar recibe para pagar su alojamiento en Córdoba.

Con 1.357 euros al mes, se accede a un rango residencial variable. Un chalé con piscina en las afueras. Una casa adosada en zona noble. Un dúplex con vistas en el centro urbano. Un piso VIP con jardín privado y pista de tenis. Lo cual no está ni bien ni mal sino todo lo contrario. Simplemente está. La frialdad de los números y las cifras tienen lo que tienen. Que se colocan bien ordenaditas encima de la mesa y cada cual saca sus propias conclusiones.

La conclusión del señor Algar, a pregunta de los periodistas, es que no va a hacer una valoración subjetiva sobre el asunto. Subjetiva dijo. «Es la normativa», señaló lacónico sobre la vida en general y el caso en particular que le afecta. Tampoco quiso entrar a considerar (porque no es su obligación) la previsible indignación de miles de ciudadanos que cotejan las cifras y se les cae los palos del sombrajo.

El suyo no es el único caso entre los delegados y cargos públicos de la provincia. Sí el más flagrante. La mayoría de ellos renunciaron a la regalía que le concede la normativa. El señor Algar no. Interpelado sobre esta circunstancia, declaró: «No voy a entrar en valoraciones subjetivas». Subjetivas dijo. De acuerdo, señor delegado.

La de la dieta por vivienda es una artimaña muy común entre parlamentarios y representantes de la cosa. En el Congreso de los Diputados, sin ir más lejos, aún se atrincheran 40 señorías cobrando 1.823 euros por alojamiento pese a tener casa propia en Madrid. La España del Buscón que se resiste a morir. Y eso que en el hemiciclo anterior el número de pícaros legisladores ascendía a 62. Que ya es decir.

Otro día hablamos de las dietas por desplazamiento que perciben los señores parlamentarios esté la Cámara andaluza abierta o la persiana echada. Que eso es harina de otro costal. Después de todo, las cifras y los números que acabamos de exponerle más arriba se encuentran detallados en el Portal de Transparencia de la Junta de Andalucía. Que de estética no andamos sobrados pero en transparencia, según se ve, tenemos un máster por la Sorbona. Y eso se agradece.