Jesús León, nuevo propietario del Córdoba CF
Jesús León, nuevo propietario del Córdoba CF - Valerio Merino
Primera plana

La peste blanquiverde

El nuevo dueño del Córdoba CF acierta en el diagnóstico pero no puede hacer milagros

CÓRDOBAActualizado:

Eran las cuatro de la tarde del viernes cuando Twitter y Facebook repicaron frenéticos. Los cordobesistas lanzaban las redes sociales al vuelo: «¡Carlos González se va! ¡Carlos González se va!». El frenesí al ver liberado al club no extrañaba. Sus seis años y medio como dueño habían generado en la entidad un clima insano, que facilitó que se propagara la peste por el Córdoba CF. El equipo lucha a vida o muerte por no abrasarse en el infierno de la Segunda B. El ya exmáximo propietario con su nefasta gestión posibilitó que la epidemia se expandiera, debilitando deportiva y socialmente al club. No dedicó el más mínimo esfuerzo a tener buena relación con aficionados, peñas, veteranos o medios -con todos se peleó-. No los necesitaba para satisfacer su enfermiza obsesión por sacarse un buen puñado de euros con su inversión futbolera.

En diciembre, cuando ya estaba de retirada, confesó en una entrevista: «Estoy aquí para ganar dinero». Aunque algo ya intuimos en verano cuando tenía a su hijo, Alejandro, al frente de lo que él consideraba su negocio familiar y éste comparó a los abonados con clientes de una empresa. Como si la relación de un socio con el Córdoba CF de sus amores fuera la misma que tiene con su fontanero o su carnicero. Los González se van y se sana el alma de miles y miles de fieles blanquiverdes. La corriente de simpatía y el buen rollo que ha establecido la afición con el nuevo propietario, el empresario montoreño Jesús León, cierra heridas en el ámbito social. Esto permitirá que el equipo esté arropado en las diez finales que disputará en El Arcángel para que la Segunda División no se le muera entre las manos.

Tienen buena pinta las recetas que el nuevo dueño quiere aplicar: reforzar la plantilla, recuperar la participación de los veteranos, contar con los accionistas minoritarios o acabar con la fractura social que generó el anterior propietario. En este último campo, tuvo, nada más aterrizar, la inteligencia de empezar a coser la brecha con la afición con entradas asequibles o directamente gratuitas para el partido ante el Albacete. La hinchada necesitaba una transfusión de optimismo tras desangrarse con el ninguneo de González.

Pero un nuevo propietario y los tres puntos del sábado tampoco deben hacernos perder la perspectiva. León no es el Arcángel San Rafael. No puede hacer milagros. Habrá que pedirle no fenómenos sobrenaturales, sino que, con la ayuda de todos los cordobesistas, forje un proyecto de largo recorrido que aspire a que el club vuelva a Primera, y se asiente en ella. Será más fácil si no baja a Segunda B. Pero, si pierde la categoría, será el momento de demostrar que hemos aprendido de estos años negros y habrá que apoyar más que nunca al equipo. Pase lo que pase, que no se nos olvide que en un ambiente sano de colaboración entre club, aficionados, veteranos o peñas es más difícil que se propague la peste.

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