Damicela Galifi en el convento Madre de Dios de Baena
Damicela Galifi en el convento Madre de Dios de Baena - S. N. T.
Guadajoz-Campiña Este

Una periodista de Venezuela se refugia en Baena

Asegura que la salud allí es un negocio y hay reventa de medicamentos y alimentos

BaenaActualizado:

Damicela Galifi Rodríguez es venezolana, tiene 34 años, está casada y tiene dos hijos. Es periodista. Trabajó como asistente de producción para Radio Caracas Televisión hasta que en 2007 el Gobierno venezolano decidió no renovarle la concesión de emisión. El día de Reyes llegó a Baena, al convento de Madre de Dios para pasar unos días con las dominicas dada la amistad de su familia con dos de ellas.

Damicela estaba sin trabajo y «me quedaba muy poco dinero», cuenta a ABC. Dada su situación, las monjas le buscaron un trabajo, «sin yo saber nada», aclara, y un día antes de volver a Madrid donde residía con una familia «me llamaron para cuidar a una mujer y me quedé». Muestra un agradecimiento infinito por esta nueva oportunidad. El próximo lunes se mudará del convento a un piso y «en uno o dos meses vendrán mis hijos y mi hermano». Éste es el final feliz de una historia llena de precariedad, rabia y miedo. Asegura que «desde hace tres años no se puede vivir en Venezuela», de ahí que tomara la siempre difícil decisión de venir a España sin su familia. Relata que «fue muy duro, pero no me arrepiento, porque aquí estoy muy bien y puedo traer a mis hijos».

No los trajo consigo, porque «ni reuniendo 50 años de mi sueldo me llegaba». Tan sólo el vuelo de Caracas a Bogotá le costó «8,5 millones de bolívares y en octubre ganaba 300.000, casi tres años de trabajo para viajar al país vecino».

«Es una dictadura»

Dice que siente «rabia por todo lo que le han hecho al país, porque Venezuela es un país muy rico, tiene petróleo y la reserva de gas más grande del mundo». Pero lamenta que «allá no estamos viviendo, estamos sobreviviendo». El sistema dice «es una dictadura. Hay demasiada corrupción y delincuencia. Todo es un fraude, un caos político, social y económico».

Con un sentimiento de asqueo comenta que «el Gobierno le echa la culpa a una guerra económica en sus discursos, a España y a Estados Unidos, pero ellos tienen todos los poderes y han expropiado todas las empresas» y con estupor añade que «dicen que es culpa de los empresarios que hagamos cola para conseguir comida».

Damicela expone que al cambio «el sueldo de un mes es de dos euros en base al mercado negro, porque allá los dólares y los euros no existen, ya que el gobierno prohibió el cambio». Además del desabastecimiento de alimentos existe el de medicinas. Explica que para vacunar a los bebés «hay que ir a Colombia». La salud se ha convertido en un negocio. Hay reventa de medicamentos. «El gobierno no dice ya los índices de mortalidad o de inflación porque son demasiado elevados», remata esta venezolana.