Francisco Poyato - Pretérito Imperfecto

Números que sanan Francisco Poyato

¿Imaginan un paciente en la mesa de operaciones preocupado porque tiene que cambiar el ticket del parking?

La sanidad es una porfía numérica. Números de historiales, de pacientes, de minutos que dura la consulta de un médico, número de veces que hemos de tomarnos la pastilla, número de la cita, hora de llegada, hora de retraso, hora de salida; listas de espera; número de contratos; número de bajas, de incentivos... Y números económicos que cada vez más marcan los designios de nuestra cura, la que gestiona un número determinado de aplicados gestores. Ya lo decía Quevedo, que la posesión de la salud «es como la de la hacienda, que se goza gastándola, y si no se gasta, no se goza».

Lo que nunca habríamos podido imaginar es que según el número de veces que se pudiera estacionar un coche en un aparcamiento situado en un complejo hospitalario, así sería el nivel de atención sanitaria. Podemos entender que uno se gaste unos cuartos en los aparcamientos del Vial para sumergirse en el «Black Friday», otro signo más de nuestro anglosajonamiento hipócrita. O que lo haga para ir a cenar y tomarse una copa postrera. Incluso para asistir a un espectáculo cultural o comer en un restaurante con estrella Michelín (me refería a esto último cuando hablaba de espectáculo cultural)... Pero que la mejora de nuestro sistema sanitario público, al que ya contribuimos dignamente con nuestros tributos para que sea uno de los más presentables del panorama nacional, dependa de que salgan los números de un estacionamiento de explotación privada, tira por los suelos hasta el Juramento Hipocrático: «No operaré a nadie por cálculos, dejando el camino a los que trabajan en esa práctica. A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos...». Lo juro por Apolo el Médico y Esculapio.

La polémica abierta por el proyecto de mejoras en el estacionamiento y los accesos del Hospital Reina Sofía, que trae bajo el brazo un nuevo edificio de consultas materno-infantil, no va a cicatrizar fácilmente. Nadie duda del loable fondo de este proyecto, la mejora de las prestaciones sanitarias para los cordobeses con un proyecto, por cierto, anclado en los cajones de la jerarquía del SAS e inserto en aquellos planes modernizadores que gustaba presentar a los consejeros del ramo hace años. Lo que chirría, lo que cuesta mucho trabajo digerir, es el formato elegido: una operación especulativa revestida de concesión de dominio público. No podemos pagar dos veces por lo mismo cuando además la matriz es pública, y la Junta de Andalucía, bastante atosigada en los últimos tiempos por sus graves carencias y mala gestión sanitaria en otras ciudades (ver la manifestación de Granada y los problemas en Málaga o Huelva...), no puede endosar al bolsillo de quienes acuden a un hospital no por capricho, el coste de su inoperancia, de su falta de recursos, de su insuficiente gestión en un sistema público. Al equipo de doña Susana Díaz y su señoría misma se les llena el argumentario de justificadas críticas a las privatizaciones sanitarias de la derecha en otras autonomías. Háganse mirar primero su ombligo un poco, o quien dice ya sus aparcamientos.

La cuenta de los «súpergestores» con bata blanca es fácil: ¿Cuántos aparcamientos y a qué precio tengo que venderlos para que nos puedan edificar un complejo de consultas infantiles y maternales la misma empresa que los explote durante 20 años sobre un suelo regalado por la ciudad y le salgan también a ella los números...? ¿Se imaginan a un paciente en la mesa de operaciones pidiéndole a los cirujanos que paren un momento la intervención porque tiene que ir a cambiar el ticket del parking...? La Dirección del Hospital, que lleva varios días enarbolando la bandera de la movilidad y sostenibilidad (¿), escenifica ahora un freno a la idea con truco, ya que no va a servir nada más que para dulcificar con jarabe de diálogo dirigido lo que ya está decidido. Hay números que sanan.

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