Un húngaro se refleja en el muro que contiene a las víctimas de judíos de este país en el Holocausto nazi
Un húngaro se refleja en el muro que contiene a las víctimas de judíos de este país en el Holocausto nazi - Archivo
El dedo en el ojo

Murieron los nuestros

Existen efemérides cuya conmemoración nunca debería llegar a olvidarse

Actualizado:

Hace ahora 73 años que un 27 de enero de 1945 fue liberado por el ejército ruso el campo nazi de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Con el fin de este campo del terror se empezaba a poner punto y final a la barbarie nazi cometida contra ciudadanos europeos de religión judía. Fueron seis millones de seres humanos los que perecieron en manos de los alemanes y otros muchos los que, desde que Hitler accediera al poder en 1933, sufrieron el exilio, la persecución, el despojo de sus derechos, la violencia física y muchas más iniquidades.

Ciudadanos polacos (sobre todo), húngaros, belgas, italianos, griegos, eslovacos, franceses, holandeses y de otras nacionalidades, así como también homosexuales, testigos de Jehová, gitanos y «antisociales» fueron exterminados en las cámaras de gas y en los campos de trabajos forzados. La encarnizada persecución contra estos ciudadanos y su infame eliminación constituyen, ya lo sabemos, uno de los episodios históricos más depravados que la humanidad haya podido contemplar nunca. Por eso, y porque fruto de la superación del nazismo Europa tomó conciencia de la necesidad de no permitir nunca más el anidamiento en su seno de tan perversa ideología, es por lo que se hace necesario recordar cada año el Holocausto y rendir justo homenaje a sus millones de víctimas.

Lucena ha aceptado el compromiso y hace frente a su deber de conmemorar la «Shoá» (el Holocausto en denominación judía). Hay que decir que desde que la ciudad entró a formar parte de la Red de Juderías de España el papel de la misma ha sido más que destacado en la organización de todo tipo de actividades relacionadas con el mundo judío. No en vano, Lucena, La Perla de Sefarad, destacó entre los siglos X al XII como faro espiritual, científico y cultural del judaísmo, acogiendo además en su seno a muchos judíos cordobeses, entre los que cabe destacar a Maimónides y a Averroes.

Lucena tiene clara su herencia, y por eso desde su delegación de Cultura y Patrimonio hace algunos años que se viene apostando fuertemente por la promoción de nuestro pasado hebreo. No es extraño hoy ver por nuestras calles a visitantes judíos procedentes de Estados Unidos, de Argentina, de Francia o de otros muchos países que vienen a visitar la Ciudad de los Poetas, la que en su día «era todo judería», la Eliossana mítica que ahora empieza a resurgir con fuerza. Esa conexión emocional de los actuales lucentinos con su pasado se ha revitalizado después de haber permanecido aletargada durante decenios y hoy cobra un vigor inusitado que nos hace mostrarnos cada día más orgullosos de nuestra historia.

Es de justicia reconocer la ilusión con que mi amigo de la infancia, Manolo Lara (hoy magnífico concejal de Cultura y Turismo y de otras muchas cosas), ha acometido esta magna tarea. Apoyado por la Mesa Técnica del Mundo Judío -de la que me honro formar parte-, ha sido capaz de poner todo boca arriba y acometer la revolución necesaria para ofrecer Lucena en el escaparate del mundo judío. No habré de olvidarme de mi amigo Fran Carrasco, profundo conocedor de todo lo hebreo que es capaz de conjugar su pasión judaica con su profunda fe cristiana desde la que trasciende cada día: en su peluquería, repleta de motivos hebraicos, cada día se reza el Ángelus. Su trabajo, su pasión y su entrega son un ejemplo. El compromiso con nuestro espíritu judío hace que Lucena se sume esta semana con voz elevada a los actos de conmemoración del Holocausto. Porque sentimos la muerte de los nuestros. #Weremember.