RAFAEL GONZÁLEZ - LA CERA QUE ARDE

Más viejos

En el último año 12.000 de nuestros jóvenes se han ido de Córdoba en busca de pan y wifi

RAFAEL GONZÁLEZ
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Salir de noche te da la medida de la edad que tienes: a ciertas horas, si te da susto una muchacha junto a un árbol agachada, regando con gestos guturales el arriate con exceso de gintonic, es que estás mayor. Quizá alguna vez eras tú el afectado, pero ya solo buscas poder pagar el IVA trimestal, quedar en paz con Dios y con Montoro y pedirle en tu loca noche de farra al discjockey que te ponga una de Modern Talking.

Si tienes peladas las piernas a la altura de los tobillos es que muchos años de calcetines ejecutivos ya han causado mella. Si observas que los pelos de la cabeza se están mudando a las orejas, es la prueba definitiva de que estás en descenso y, por tanto, salir de noche además hay que hacerlo con todas las precauciones y no sólo como termómetro de la edad y para bailar imitando que tocas una guitarra eléctrica imaginaria. Los de los 80 hacemos eso y nos delata.

Los nacidos a finales del siglo pasado tienen otros gestos. Según hemos sabido por un reciente estudio de la empresa Argos para la Junta de Andalucía, el gesto más repetido entre la juventud cordobesa es pirarse en busca de curro. En el último año, 12.000 jóvenes nuestros se han ido en busca de pan y wifi. Supongo que la Junta encarga estos estudios para observar lo que no hace y corroborar que por culpa del Gobierno central, las políticas activas de empleo están en modo pasivo. El estudio en sí es interpretable, claro, y según se miren los datos en perspectiva, comparativa cruzada o de cúbito supino, nos da un resultado de susanismo triunfal o de marianismo malote. Para eso también se encargan los informes estos.

El dato, en cualquier caso, está ahí y no es nada nuevo: aquí no hay curro ni para la juventud ni para los inmigrantes. Si a ello añadimos que la misma Junta, a través de la Delegación de Educación, ha cerrado varias aulas en distintos colegios por falta de niños, el escenario va tomando la forma del programa de Juan y Medio. Y con el agravante de que según eso, ni los inmigrantes trabajan ni se reproducen como antaño, salvando así la tasa positiva de natalidad.

Salir de noche, pues, sirve para encontrarte a una juventud rara que ni trabaja ni está en realidad. Y la que queda prefiere acabar junto al árbol llamando a Juan.

Nosotros, los más mayores, no hemos querido ni sabido dejarles algo mejor porque entre otras cosas estábamos ocupados comprando pisos que no podemos pagar o viendo, callados, cómo dilapidaban nuestros dineros en centros de congresos que no están. O cómo se iba la industria. O la agricultura es un ejercicio surrealista de Bruselas. O se castiga al turismo por capitalista.

Somos más viejos y no hay mucho relevo. Ni trabajo para el que queda. Habrá que salir y pedirle al discjockey que nos ponga una de los Hombres G mientras miramos nuestros tobillos pelados. Tan pelados como la población de niños nuevos y futuro.

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