Aristóteles Moreno - Perdonen las molestias

Manada Aristóteles Moreno

Todo este episodio tremebundo de Pozoblanco retrata una España sórdida incrustada en nuestro ADN Cultural

Todo indica que la madrugada del 1 de mayo cuatro de los cinco héroes de San Fermín introdujeron a una nueva víctima en el vehículo. Uno de ellos se ofreció a llevarla a casa desde una localidad situada a 20 kilómetros de Pozoblanco. Por razones no suficientemente aclaradas, nada más entrar en el coche la joven perdió la consciencia. Prevaliéndose de su estado de indefensión, los valientes de San Fermín se lanzaron como hienas a abusar sexualmente de una mujer desvanecida sobre el asiento de atrás.

Uno de los vándalos grabó la escena con la cámara de un móvil. Seguramente con el ánimo de compartir con otros individuos de la manada esta otra gran hazaña que colocar en su vitrina de trofeos. El atestado policial indica que los tipos reían y gesticulaban como solo ríen y gesticulan las hienas en el momento en que se abalanzan sobre su presa. Cuando la joven despertó, se encontraba desnuda en el interior del vehículo en medio de un descampado. Uno de los hombres intentó abusar nuevamente de la muchacha y ella se negó. Fue entonces cuando el bravo personaje la sacó a golpes del coche y la abandonó en medio de la nada.

La joven, al parecer, relató la agresión a unos amigos y a un policía local de Pozoblanco. El agente no la creyó ni, consecuentemente, movió dedo alguno para verificar los hechos. La brutal embestida contra aquella mujer de 21 años se encuentra grabada en la memoria del móvil propiedad de un guardia civil implicado. Y ha sido ahora, tres meses y medio después de la violación de Pamplona, cuando la policía foral de Navarra ha desentrañado este nuevo caso ocurrido en Pozoblanco.

La grabación fue efectuada por Prenda, uno de los valerosos lidercillos de toda esta trama infesta. Creó dos archivos y uno de ellos lo compartió en un chat al que denominaron Manada. Y nunca mejor dicho. Una manada de hienas en busca de víctimas sobre las que volcar toda su miseria humana. Las diligencias practicadas en Pamplona informan de que los móviles requisados suman cien megas de inmundicias machistas entre mensajes, bravuconadas y vídeos infames. En dos chat colectivos se distribuían sus hombradas como quien cuelga del salón de casa la cabeza del antílope cazado en África. Uno de los chat integraba a siete personas; el otro a 21. Todos hombres, por supuesto. ¿A ninguno le dolió el estómago? ¿Ninguno sintió asco por el abuso criminal de sus colegas?

El Ayuntamiento de Pozoblanco acaba de abrir una investigación interna para determinar la razón por la cual uno de sus agentes de la Policía Local miró para otro lado cuando una joven víctima le relató un bárbaro ataque contra su libertad sexual. Hoy ya sabemos que su presunta negligencia dio vía libre a la banda del Prenda para que continuara perpetrando su cacería primaria a lo largo de la geografía española. Es decir: si el policía no hubiera despreciado el auxilio de una mujer y hubiera cumplido con su trabajo, los depredadores de San Fermín no habrían violado salvajemente a una madrileña que fue a Pamplona a celebrar la vida.

Todo este episodio tremebundo retrata una España sórdida incrustada gravemente en nuestro ADN cultural. En la manada de delincuentes había un guardia civil y un militar. No es un dato menor. Y un policía local de Pozoblanco, cuya misión es prestar auxilio a los ciudadanos, pudo abandonar (presuntamente) a una joven de 21 años que acababa de ser ultrajada por un grupo de animales. Necesitamos una explicación racional a todo este delirio. Y es urgente.

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