HISTORIA

Lucero, el inquisidor que mandó quemar en Córdoba a más de 300 personas

Desató una feroz persecución contra los judaizantes que escandalizó a la sociedad

Auto de fe de la Inquisición española
Auto de fe de la Inquisición española - ABC

Torquemada y Lucero. El nombre de cualquiera de los dos basta para el escalofrío y para evocar una época de crueldad en la Inquisición española, de la que fueron dos de sus miembros más tristemente célebres. El segundo de ellos, Diego Rodríguez Lucero, ejerció en Córdoba y desató en la ciudad una cruel persecución contra los judaizantes, es decir, contra los conversos que no habían abandonado la práctica de su religión original.

Manuel Peña Díaz, profesor de la Universidad de Córdoba, ha publicado en el último número de la revista «Andalucía en la Historia» un artículo sobre este eclesiástico, llamado por sus contemporáneos Lucero el Tenebroso, que había nacido en Moguer de la Frontera hacia 1470, y que se hizo inquisidor en Córdoba en 1495. Pasó por Jerez y Granada -donde se distinguió por su persecución del jerónimo Fray Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel la Católica- pero en 1500 llegó a Córdoba «donde su ofensiva contra los judeoconversos alcanzó proporciones extraordinarias».

Alta sociedad

Los acusó de conspirar contra los Reyes y de anunciar la próxima venida del Mesías que venía a liberarles. El primer auto de fe condenó a la hoguera a 80 personas y después ordenó la quema de otras 50. Y no de poco nivel: eran «buena parte de las jerarquías eclesiástica, nobiliaria y municipal de Córdoba». No faltaron las protestas ante los Reyes Católicos, con el argumento de que hubo declaraciones manipuladas y confesiones bajo torturas. Incluso se les habría obligado a aprender oraciones judaicas que se usarían más tarde en su contra.

Como recuerda el profesor Manuel Peña, las condenas tenían apoyo de otros inquisidores y también del rey Fernando. Hubo inspecciones, pero Lucero siguiendo siendo el tenebroso. El 30 de abril de 1502 hubo otro auto de fe con 27 quemados y en 1503 se detuvo a 400 personas. «El hacinamiento en las celdas del Alcázar era tan insoportable que fue la excusa para organizar otro auto de fe», cuenta el historiador. Y así se hizo: el 22 de diciembre de 1504 se sentenció a 267 personas, de los que 107 fueron a la hoguera como falsos cristianos. «Uno de los más crueles de toda la historia de la Inquisición», resalta. Muchos clamaban a Dios y a la Virgen para defender su inocencia. En 1505 serían 27 más y la actividad no bajaba.

Una orden real paralizó un auto de fe que hubiera condenado a 300 personas

Su situación cambió por la política. La Reina murió en 1504 y los nuevos Reyes, Juana la Loca y Felipe el Hermoso, ordenaron suspender las actuaciones y terminaría por hacer dimitir al inquisidor general, Fray Diego de Deza, y también a Lucero en Córdoba. Según el historiador, los inquisidores quisieron ocultar pruebas mediante un auto de fe en que se hubiera condenado a la hoguera a 300 personas. «Una orden real llegó a tiempo para suspender la ceremonia», recuerda.

Mazmorra de la Inquisición en el Alcázar de Córdoba
Mazmorra de la Inquisición en el Alcázar de Córdoba- ARCHIVO

Sin embargo, la muerte del rey el 25 de septiembre de 1506 supuso la vuelta de los destituidos, incluido Lucero. Los poderes locales intentaron frenarlo, pero en las mazmorras había 400 presos y hubo un motín para asaltar el Alcázar y liberarlos. Lucero ya había huido para entonces de lo que habría sido su muerte. Tras varias gestiones, el rey Fernando el Católico recibió una misión con la presencia del cordobés Gonzalo de Ayora, que detalló terribles tormentos, «con las más sutiles maldades de este mundo, y cómo atormentaban a las mujeres desnudas por más las avergonzar».

Documento de la Inquisición en la Casa de Sefarad
Documento de la Inquisición en la Casa de Sefarad- ARCHIVO

Para entonces ya había un nuevo inquisidor general en sustitución de Fray Diego de Deza, y terminó por encarcelar a Lucero. No corrió la misma suerte que los demás y la sentencia fue muy indulgente: se mandó reconstruir las casas que se habían derribado por ser sospechosas de acoger sinagogas, pero no se rehabilitó a los quemados. Las sentencias seguían siendo válidas. Lucero dejó de ser inquisidor, pero se le promovió a canónigo de la Catedral de Sevilla, y todavía vivió muchos más, ya que murió en 1563, próximo al siglo. Como recuerda el profesor Manuel Peña, «consiguió el mayor éxito que tan bien administró el Santo Oficio: el miedo a la Inquisición».

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