MÚSICA

Loquillo vuelve al asalto de La Axerquía

Lidera el I Like Festival, junto a Los Zigarros y Ciclonautas

Concierto de Loquiillo en el Festival de la Guitarra de Córdoba
Concierto de Loquiillo en el Festival de la Guitarra de Córdoba - Archivo

Eran otros tiempos. Concretamente, los años 80. La Movida regalaba pintorescas estampas y pelos de colores. Niños mimados con un deje rebelde se subían a un escenario sin saber cantar ni tocar la guitarra mientras los «rockers» miraban con desdén todo ese glamour de plástico, y entre esas dos tierras se movía él. Gomina, camisa de tirantes y chupa de cuero para compartir escenario con una Alaska fluorescente, como el desafío definitivo a los Capuleto y los Montesco. Eran otros tiempos, aquellos en los que un chaval de Barcelona llamado José María se colocó el sobrenombre de Loquillo.

Sin bajarse del cadillac, aquel chaval pasó de los tirantes de albañil al traje negro de gangster y de los ritmos de garaje a los poemas musicados de Gil de Biedma, pero nunca ha olvidado el camino de ida. No parece fácil cantar «quiero ser una rock’n’roll star» a los 55 sin dar repelús, como esos padres que se plantan una gorra plana en la cabeza. Sin embargo, Loquillo sabe llevar con dignidad el tupé y la chulería rockera de su pasado, y combinarla con la madurez del ahora, como un Johnny Cash a la catalana. Por eso mismo esta noche, sobre las tablas del Teatro de la Axerquía, cantará con ligereza «Quiero un camión» delante de puretas nostálgicos y «Memoria de jóvenes airados» ante adolescentes que nunca han llegado a escuchar «La mataré» en la radio, porque ni escuchan la radio ni la radio ha vuelto a emitirla.

Loquillo y los suyos encabezan la propuesta musical del I Like Festival, que se celebra hoy a partir de las 20.00 horas, con un concierto que se enmarca en la gira de la presentación de su último disco, «Viento del este». Su nuevo trabajo ha tenido como primer y segundo plato dos «singles» que bien podrían emular las dos caras del artista. Por un lado, el catecismo del rock de la mano del adrenalínico «Salud y Rock’n’Roll», que haría bailar a los muertos; por otro, «En el final de los días», un poético canto a lo perdido. «Eran otros tiempos, yo era el centro de tu vida» y el Loquillo de ahora los trae de vuelta, dejando un pellizco en el estómago de quien lo escucha, como antes lo hizo con «Cruzando el paraíso» o «Cuando fuimos los mejores». Los rockeros también lloran.

A tres bandas

Loquillo no estará solo en esta larga noche de rock. Le acompañarán Los Zigarros y Ciclonautas, dos grupos jóvenes -más por su discografía que por sus DNIs- que plantean dos formas diferentes de entender este estilo musical. Ovidi y Álvaro Tormo son dos hermanos valencianos que un día le dieron a su madre el disgusto de decidir dedicarse a la música. Antes de formar la banda dieron caña en Los Perros del Boogie, donde Ovidi tuvo el lujo de compartir micrófono y complejo de Peter Pan con Carlos Tarque (M-Clan) en ese «De nada sirve hacerse mayor» que tantas veces se bailó en La Comuna cordobesa. En abril salió a la calle su segundo disco de estudio, «A todo que sí», producido por el prolífico Carlos Raya y que ha terminado por encumbrar a Los Zigarros como nuevos embajadores del rock and roll español de toda la vida.

A los de Ciclonautas tampoco les ha ido mal. La banda es la desembocadura de las trayectorias musicales de varios viejos conocidos del rock nacional. La cara más reconocible es la de su batería, Alén Ayerdi, responsable de los platos en las canciones de los míticos Marea de Kutxi Romero. La voz cantante la pone el argentino Mai Medina, que anteriormente coincidió con Ayerdi en el grupo de rock flamenco Calaña. El tercero en discordia es Javier «Txo» Pintor, bajista que hizo currículum en anteriores formaciones como Konfusion o Jatajá. Con estas referencias, uno puede hacerse una idea de lo que traerá su música: un rock urbano y guitarrero, de voces rotas, heredero de bandas como Leño o Reincidentes.

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