Rafael Ruiz - CRÓNICAS DE PEGOLAND

London Calling Rafael Ruiz

La alcaldesa ha hecho un ejercicio de sinceridad. Ha ido de viaje para nada. Eso es transparencia

Se adora Londres como la ciudad bella, vieja y cosmopolita que es. Mestiza y dinámica, capital de un imperio que ahora lo es cultural y financiero. De esos sitios donde uno se quedaría a vivir a pesar de la aversión generalizada a los lugares grandes, inabarcables, donde el campo no se puede ver. Londres -sabia como todas las ciudades bombardeadas hasta sus mismos cimientos- tiene, digamos, su propia mítica en su mayor parte rockera. The Kinks con «Sunny afternoon». The Beatles -de Liverpool, lo sé- cruzando un paso de cebra y poniendo cara de locos en una colina desde un parque desde el que se atisba el Big Ben. The Clash advirtiendo que Londres se ahoga pero los que estamos junto al río no corremos peligro. David Bowie caminando por las calles del Brixton suburbial y chungo.

A Londres no se viaja, se peregrina. Como a los santos lugares. A dar una vuelta entre los prostíbulos del Soho, a pasear bajo la lluvia a Hyde Park, de mercadillos «jipis» a Camden. A mal comer o a echarse unas pintas, deporte nacional. Los centros culturales son impagables, el transporte público certero y las posibilidades de la ciudad, diversas. Lo suyo es ver y aprender de un sitio donde pasan cosas. Muchas, a la vez. Con una afán por hacer de esponja de lo mejor y quedarse con lo verdaderamente notable, como demuestran esos museos suyos. Verdaderas oficinas de objetos perdidos, cuando no directamente robados, de la humanidad toda.

Isabel Ambrosio ha realizado un ejercicio de honestidad brutal. Ha ido a Londres para tres pegos, para acompañar a una comitiva creada desde la Junta a la que se apuntado todo quisque. Reuniones que podría haber realizado por Skype con menor coste para el contribuyente. No creo, empero, que haya que cebarse con la cuestión. En España tenemos la mala costumbre de crear a cada rato una corte de políticos para que den vueltas por donde no tienen nada que hacer. Ni es la primera responsable pública que va a una feria profesional sin agenda de contactos ni será la única. La mala costumbre nacional de hacerse fotos en esos sitios donde la gente va a trabajar. Puestos a censurar, mantengo mi propuesta de que Fitur se ilegalice «ipso facto» como medida para recortar el gasto público.

En contra de la percepción general, estoy muy a favor de que los políticos locales viajen. Que vean mundo, otras cosas, experiencias nuevas. Que salgan del poblado para enfrentarse al ancho mundo para, en lo posible, aprender que las cosas se hacen de forma distinta, más imaginativa, mejor. El presupuesto municipal debería contar con partida propia para que nuestros concejales sepan que otra forma de actuar es posible. En concreto, viajando. Y que aprendan, pero mucho. Cómo se puede crear, desde una isla apartada en medio de un mar frío, un imán para las artes, una economía que lo resiste casi todo, un lugar donde se marchan muchos jóvenes -hasta que el Brexit los devuelva- a encontrar trabajo. Fíjese, alcaldesa, las cosas que se pueden hacer en Londres.

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