DESDE MI RINCÓN

Liderar el cambio

No comprendo cómo se puede aceptar una responsabilidad si el partido que propone al candidato lo ata de pies y manos

José Luque
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No somos pocos los que pensamos que con gobiernos como el que actualmente tiene Córdoba, el futuro tiene pocas trazas de levantar vuelo. La inoperancia y el poner obstáculos han sido política desde el inicio de la legislatura. Sólo queda preguntarnos qué podemos hacer si de verdad queremos que las cosas cambien. La respuesta es clara. Para que las cosas cambien hay que cambiar de gobierno. No sólo de personas. Hay que cambiar la manera de gobernar y administrar nuestro patrimonio. Córdoba necesita un líder que nos convenza que se van a cambiar las formas y manera de ejercer el poder. Sin ese convencimiento tenemos derecho a pensar que todos son iguales y para eso mejor olvidarse de elecciones o meter en la urna un sobre vacío como protesta. Para convencernos de que nada será igual es imprescindible que cualquier candidato y desde su nombramiento «lidere el cambio» que Córdoba reclama.

Nunca he comprendido cómo se puede aceptar una responsabilidad si el partido que lo propone ata de pies y manos al candidato. Quien eso acepta pierde credibilidad. Toda persona seleccionada como candidato para dirigir al equipo que debe administrar de la manera más eficaz posible algo tan importante como es el presupuesto municipal de Córdoba, debe tener total libertad para conformarlo. Para escoger a las mejores personas con las que poder cumplir bien ese trabajo. ¡A las mejores de Córdoba! Si está obligado a ceñirse a la militancia del partido, eso representa una importante limitación y es causa suficiente para no creer en un buen resultado.

Otro punto interesante para buscar la confianza de los electores es demostrar que se confía en la ciudadanía de Córdoba como el mejor consejero posible. Nadie más preparado ni interesado en que las cosas vayan bien que los propios ciudadanos. En cada momento y para cada tema buscar la opinión y consejo de los más experimentados. Estoy convencido que lo harán de manera desinteresada y con la garantía de recibir una opinión personal, respetuosa y libre. Por ello nunca he comprendido la existencia de esa figura tan arraigada en las instituciones españolas como es la de los asesores, también llamados cargos de confianza o nombramientos a dedo. Menos comprensible aún que un Ayuntamiento como el de Córdoba, con un equipo de gobierno que imaginamos bien preparado, necesite 29 asesores pagados por todos y de los que a duras penas conocemos nombre e ignoramos funciones. Un buen recorte en este capítulo sería otro punto a favor para que cualquier candidato ganara confianza.

Decía Giuseppe Tomasi di Lampedusa que «si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie». Somos muchos los que estamos hartos de que semejante contradicción haya sido una constante realidad en Córdoba.

José LuqueJosé LuqueArticulista de OpiniónJosé Luque