Rafael Aguilar - EL NORTE DEL SUR

La hora feliz Rafael Aguilar

Ya no hay cheque en blanco que pueda correr con los gastos de un precario gobierno municipal a tres bandas

Acabó el simulacro. El gobierno de las personas hace aguas justo porque las personas no se entienden y, en concreto, están tirándose los trastos a la cabeza. Demasiados gallos en el gallinero sin nadie que diga qué es lo que hay que hacer. Las sonrisas y las medias tintas han dado de sí todo cuanto podían y ya se han demostrado inútiles. El episodio de esta semana que acaba en el Pleno es la constatación de que el apaño nació frágil y que su descomposición era cuestión de tiempo. Dos años y pico, en concreto. Esa alcaldesa poniéndose seria (?) en la sala central del Ayuntamiento y retando no sólo al PP, sino a Ganemos también, a que le armen una moción de censura si tienen lo que hay que tener. Pues a ver. Por lo pronto todo ha quedado al descubierto: aquí hemos pasado de tener tres grupos de concejales que mantenían las formas para sacar adelante las decisiones municipales importantes a ver cómo quien tendría que llevar la voz cantante le lanza a uno de los socios la bravata de que se atreva a ponerla en un compromiso. Si Isabel Ambrosio amenaza es porque se sabe débil. Lo es, de hecho, desde que aceptó presidir un gobierno con unos apoyos tan inestables. Lo suyo es un callejón de difícil salida desde hace tiempo. Caro le está costando pasar a la historia como la primera regidora socialista en Córdoba capital desde la Segunda República, por citar las palabras de hace sólo unos días del resucitado José Mellado.

Pedro García, ahora erigido en el brazo renovador de Izquierda Unida en la provincia, le saca la cabeza desde casi al comienzo del mandato: con sus virtudes y con sus defectos cree en lo que hace y es tan testarudo cuando acierta como cuando se equivoca. Él toma decisiones en temas clave de la vida ciudadana que, por más que sean competencia directa de las áreas que están bajo su mando, corresponderían a la regidora, que en vez de secundarlo lo trata con una indiferencia que a éste acaba beneficiándole porque al menos transmite la sensación de que, yerre o no en su juicio y en sus actos, es firme en sus propósitos. Ahí está Cosmos. Y ahí, sobre todo, su cruzada sensata y valiente con los abusos de los veladores. Ésa es la espada con la que Ambrosio se desayuna cada mañana cuando lee, o le cuentan, lo que dicen los periódicos. La pared que la atrapa se llama Ganemos, la agrupación de electores en desbandada que le ha puesto muy cuesta arriba a la socialista el inicio del curso con su posición contraria a la aprobación de las ordenanzas fiscales. No, la cosa no era un teatro, como se maliciaba el portavoz municipal del PP, José María Bellido, que barajó hace una semana y poco en público la posibilidad de que la marca de Podemos estuviera jugando al juego del año pasado: diciendo que no al documento fiscal en las comisiones previas al Pleno para dar luego el brazo a torcer en la votación. Ya no hay cheque en blanco que valga para correr con los gastos de la hora feliz del gobierno a tres bandas.

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