La portavoz de Podemos, Teresa Rodríguez, en sede parlamentaria
La portavoz de Podemos, Teresa Rodríguez, en sede parlamentaria - EFE
APUNTES AL MARGEN

Honestidad comparada

Decente hubiese sido investigar las causas del caso de las mordidas, tomar decisiones al respecto y resarcir a las personas que tuvieron que pagar parte de su salario a la entidad afín

CÓRDOBAActualizado:

El presidente del Parlamento andaluz, Juan Pablo Durán, debería hacer un esfuerzo y buscar una partida en el presupuesto para comprar palomitas y repartirlas entre el público cada vez que la máxima responsable de la Junta, Susana Díaz, y la secretaria general de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, se interpelan en la habitualmente mortecina Cámara autonómica. Frente a tantos debates poco vivos, lo de Díaz y Rodríguez es eléctrico, racial. En suma, divertidísimo. Ambas mujeres se detestan en lo político y no ahorran ni medio segundo en demostrarlo como puede comprobarse en el rifirafe del jueves de esta semana a cuenta de dos casos de irregularidades: las mordidas de la Fundación Guadalquivir Futuro y la presunta falsificación de documentos públicos para encubrir el enchufe de una empleada en la Delegación de Educación de Sevilla.

«Usted ni soñando es más honesta que yo», se escuchó decir en la Cámara a Susana Díaz, momento que merecía un fondo chimpún de copla. «Tiene usted el latiguillo de decirme que no me va a permitir una cosa u otra, como si yo tuviera que pedirle permiso en algún momento para hacer mi labor de oposición», le replicó la política gadinata. La presidenta de la Junta reprochó a la parlamentaria de Podemos que sacase un tema «de hace muchos años» para zaherir al PSOE. Las mordidas de la Fundación Guadalquivir Futuro se conocieron por primera vez el 24 de junio de 2016. La instrucción penal no se ha concluido, los pleitos de los juzgados de lo social no se han acabado y todos los expedientes de reintegro de las ayudas irregularmente gestionadas siguen vivos.

Hay que reconocerle a Podemos que asumir el papel de referencia contra la corrupción es un movimiento táctico inteligente. La extraña pasividad del PP andaluz en el algunos asuntos, tras muchos años de meritorio trabajo de control de los sucesivos gobiernos socialistas, ha facilitado que los de Pablo Iglesias sean relevantes en un campo de obligatoria comparecencia para un partido de oposición.

Pese a que tengo serias dudas de que la pelea por la limpieza en la gestión otorgue algún rédito electoral y social, la personalización de Susana Díaz -«usted ni soñando es más honesta que yo»- muestra que el socialismo andaluz sigue criticando en Twitter esas cosas que ve en Madrid, pero mira hacia otro lado cuando se encuentra con las miserias propias que le salen en casa. La honestidad comparada es una materia de obligado cumplimiento para quien desea sobrevivir en el proceloso mundo de la política. Horror si la presidenta de la Comunidad de Madrid recibió un trato de favor cada vez más evidente para un máster que pagó de su bolsillo, amplias tragaderas para el que regó unas subvenciones que no sabemos dónde acababan. Que despellejen al que se inventó un cursito, qué buena gente es quien organizó unas oposiciones falsas como un duro de seis pesetas.

No, presidenta Díaz. Honesto hubiese sido parar la concesión de subvenciones a las entidades que vivieron al amparo del PSOE de Córdoba desde el primer momento. Decente hubiese sido abrir una investigación que fuese a la raíz del problema: ¿cómo es posible que una entidad sin trayectoria, socios o estructura recibiese tanto dinero público en tan poco tiempo y qué hilos se movieron para ello? Brutalmente honesto hubiese sido que la dirección del PSOE cordobés concertase una reunión con las personas que pagaron mordidas, muchos de ellos jóvenes que se encuentran en paro y que le echaron mucho valor. Que escuchase sus quejas de primera mano y pidiese, al menos, disculpas por haberlos dejado abandonados en manos de unos aliados que no merecían el nombre de tales. Y honesto al cien por cien hubiera sido tomar las decisiones oportunas para que quien pagó parte de su sueldo en mordidas fuese resarcido.

Por si no lo saben, solamente tres de los afectados que tuvieron que hacer frente a las donaciones «voluntarias» tienen una sentencia que les reconoce la recuperación. Y porque se buscaron un abogado, de su bolsillo, que les llevara el caso en los juzgados. Eso es lo que les dijeron en la Junta que había que hacer.