HISTORIA REAL

La historia de la niña profeta y el inquisidor que duda

Desiderio Vaquerizo novela la vida de Inés, judeoconversa que dijo hablar con Dios y los profetas

Desiderio Vaquerizo, en la capilla de San Bartolomé de Córdoba
Desiderio Vaquerizo, en la capilla de San Bartolomé de Córdoba - ROLDÁN SERRANO

El libro se llama «Inés de Herrera. La niña profeta», pero el protagonista real es un hombre: un joven dominico que desemboca en el oficio de inquisidor y que se infiltra en un pueblo del Condado de Belalcázar para investigar el caso de una niña de familia judeoconversa que tiene visiones. Desiderio Vaquerizo Gil (Herrera del Duque, Badajoz, 1959), profesor de Arqueología de la Universidad de Córdoba, escuchó en su pueblo la historia de «La Moza Judía», cuya memoria había perdurado desde principios del siglo XVI y ahora, tras investigar en expedientes y testimonios, ha querido hacer una novela con ella. La editorial cordobesa El Almendro acaba de publicar una obra que en poco tiempo ha vendido toda la primera edición. Desiderio Vaquerizo ha querido mirar en «la historia no oficial, en aquello que pudo sentir la gente del común, y que explica muchísimas circunstancias de la gran historia, porque nada ocurre por casualidad».

Inés quizá sea, dice, la excusa, pero, ¿quién es Inés? En 1499 y 1500, cuando ya habían salido muchos judíos de la Península Ibérica, otros muchos se habían camuflado en zonas rurales. «Pero ya no tenían rabinos, es decir, ya no tenían referentes, ni religiosos ni siquiera sociales. Sólo conservaban sus tradiciones estrictamente en la familia», recuerda. Y en ese mundo en que se comportaban externamente como cristianos e internamente como judíos, las tradiciones las transmite la mujer. La falta de esperanza, dice Desiderio Vaquerizo, explica la aparición de «brotes mesiánicos», que preconizaban precisamente eso, «esperanza».

Predicando esperanza

Y ahí aparecen tres niñas profetas en España, poco antes de los grandes místicos de los católicos, una de ellas en Córdoba. Pero Desiderio Vaquerizo se centra en Inés Esteban, que a los doce años empieza a profetizar la venida del Mesías y la vuelta a la tierra prometida. «Cuenta que sube al cielo, habla con los profetas y con Dios, y esto supone un cataclismo en la comunidad judeoconversa; sus predicaciones tienen mucho eco y va a gente de todas partes», cuenta. Pero en la España de entre 1499 y 1500 aquello tenía que llamar la atención de la Inquisición. No ha encontrado Desiderio Vaquerizo testimonios de Inés o de sus padres, pero sí de los testigos, y ha imaginado a su madre como hija de rabino, «que le ha transmitido sus conocimientos». Y predicaba un universo con comida para todos «y mancebos para todas», y eso era importante en una comunidad rechazada, «por los suyos y por los ajenos». No tenían fácil casarse.

El escritor y profesor se ha tenido que intentar meter en una personalidad compleja, entre la inocencia y la locura. Ha hablado con psicólogos que le han dicho que pudo haber sufrido «un brote psicótico, muy característico de la adolescencia, y que se manifiesta en creer mantener contacto con universos paralelos». Pudo relacionarse con la muerte de su madre, cuando ella tenía diez años, y que eso la trastornara. «Pero debió de resultar tan convincente que generó muchos seguidores, y eso llevó a la hoguera a varias decenas de personas», resume Desiderio Vaquerizo.

El autor, con la historia y sus personajes, ha querido mirar en el alma y cantar a la tolerancia

El autor quiere ver la novela desde los ojos contrarios, con los de Fray Diego Martínez de Toledo, un bastardo que ha llegado sin vocación y que hace de «mosca» en Herrera, se infiltra como judeoconverso. Allí, «cuando escucha a Inés y conoce el contexto, duda». Ese es el sentido de algo que no es una novela histórica, sino una historia al servicio de los personajes que quiere bucear en el alma para hacer , «un canto a la tolerancia» que ha partido de datos históricos rigurosos.

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