José Luque Velasco - DESDE MI RINCÓN

Hablemos de la violencia José Luque Velasco

Todos sabemos que la violencia es el último recurso de los incompetentes y que nace del miedo a los ideales ajenos

Del conocido escritor Morris West (1916-1999), autor de «Las sandalias del pescador», traigo una sugerente frase para el momento que vivimos. «La violencia florece cuando los hombres temen hablar y actuar contra ella». En España deberíamos hablar sin miedo ni tapujos de la violencia, lacra que se ha instalado entre nosotros. De quienes la ejercen y de aquellos que con falsa prudencia no la combaten convenientemente. Dialoguemos con ánimo constructivo sobre aquellas conductas que con origen en la sociedad civil o en las instituciones; de forma verbal, física o psicológica; realizada por mujeres u hombres; mayores o menores de edad; siembran miedos en la sociedad española originando una peligrosa pérdida de libertad. Estas conductas son favorecidas o permitidas por quienes, de manera egoísta y sin valores, aspiran a conseguir sus ambiciones políticas o económicas y por aquellos otros que con grandes limitaciones y complejos buscan a través del miedo alcanzar el poder.

Hablemos de la violencia de género. De esa violencia tan frecuente y miserable que ejercen algunos hombres sobre la mujer y, aunque en menor medida, algunas mujeres sobre los hombres. Debatamos sobre la violencia en los menores. Violencia que está llevando a algunas chicas y chicos al suicidio. Sin olvidar la que encarna esa incapacidad de algunas autoridades para reconocer su falta de vigilancia e incompetencia para impedir que la razón de la fuerza penetre en escuelas y hospitales. Hablemos de la violencia existente en la calle, donde algunos pretenden hacer prevalecer su ley por encima de la Ley. Hablemos de los que defendiendo la violencia se convierten en violentos. Sin dejar atrás la que, so pretexto del bien común o de no sabemos qué objetivos, se ejerce desde algunas instituciones bordeando o saltándose a la pídola el Estado de Derecho, aplastando siempre al más débil. Ha sido necesario que una inocente española que durante muchos años recibió el apoyo político de los ciudadanos muera sorpresivamente, acosada por todos y maltratada por los suyos, para que se hable de la presunción de inocencia y de la violencia psíquica y de palabra que se ejerce desde los partidos para conseguir el poder o para destruir a los que siendo adversarios son considerados enemigos. De estas y de otras muchas violencias deberíamos hablar para poner remedio antes de que sea tarde.

Todos sabemos que la violencia es el último recurso de los incompetentes y nace del miedo a los ideales ajenos. Así pues, pongamos extramuros a quienes no respeten los ideales de paz y legalidad que hay en España y saquemos de los partidos, de las instituciones y de nuestras vidas a cuantos incompetentes y acomplejados quieren destruirla para sembrar en los escombros sus totalitarismos.

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