Manolete, durante una corrida en Madrid
Manolete, durante una corrida en Madrid - EFE
PRETÉRITO IMPERFECTO

El futuro sepia

La mediocridad pasará, como todos los que estamos aquí, pero Manolete vivirá otros cien años

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El cogobierno «tripartito» municipal vive en un bucle evocador y melancólico que desgasta energías inútilmente para no llegar a ninguna parte. Da vueltas sobre la inacción simulada. Política sepia para pseudomodernos de corte rancio. Lo transformador resulta que es el tiempo pretérito, no el ulterior. Lo progresista es quitar el nombre de las calles, en lugar de abrir nuevas vías de tránsito para agrandar el nomenclátor y de paso la población y las expectativas de la ciudad. La memoria de los días se puebla de costumbres, y en ellas habitan sin molestia nombres y apellidos ilustres como plazas y bares notables. Incluso los nuevos rectores despliegan su escasa gestión sobre un paisaje que ya fue inventado hace décadas por aquellos que pueblan la lista negra de la memoria histórica. Córdoba sigue viviendo, en gran parte, de aquel decorado fabricado en el Alcázar de los Reyes Cristianos, en la postal de la Calleja de las Flores, en la muralla y estanques de la calle Cairuán, en la avenida principal de Vallellano o ni siquiera ha visto aterrizar aviones que ya hace sesenta años sí lo hacían en uno de los pocos aeropuertos que había en España...

Este poder capitular externaliza la toma de decisiones en lúgubres personajes que nadie ha votado y pretenden ordenar nuestro Pleno, nuestro callejero, nuestros usos, nuestro cerebro y nuestra forma de pensar desde una habitación oscura con aroma a venganza y resentimiento. Cuentas pendientes. Los nuevos inquisidores morales aposentan su sectarismo en la planta noble de la calle Capitulares mientras que el talento viaja en bici con mochila y entre jaramagos de frío cortante a una incubadora en la otra punta de la ciudad. Cuando no empotra la maleta en la bandeja del tren. Vivir en el territorio con más tasa de paro de España... Política de blanco y negro. Naftalina.

Por rememorar, reviven un presunto desprecio a Manolete ni siquiera a la altura del que vivió en sus últimos compases taurinos de aquellos mismos paisanos que lo encumbraron a la gloria: no apoyar que se le otorgue, setenta años después de morir, al icono de la ciudad el sitio que merece como Hijo Predilecto. Mezclando de manera zafia a dos personas completamente distintas como el caso de Andrés Ocaña y nuestro Califa del Toreo... La mediocridad pasará, como todos los aquí presentes, pero lo bueno es que «El Monstruo» va a vivir otros cien años más, como hijo máximo de Córdoba o como Hijo Universal de la Tauromaquia. Siempre quedará alguien en algún punto de este planeta que ponga velas al diestro de Santa Marina, mientras nadie se acordará de nosotros en apenas unos minutos. Esa grandeza no tiene título.

Al Ayuntamiento de Córdoba se le quema el presente en las manos enrolado en una incapacidad devenida. Se «achicharra» y pone en evidencia con un vertedero incontrolado; o, a estas alturas, no tiene muy claro -aunque se apueste por ello de cara a la opinión pública- si bajarse con el Cercanías en marcha o seguir dando vueltas al mismo como esos trenes de juguete con travesía circular. Denostó el proyecto original, lo recuperó para cambiarle el nombre -muy propio de estos tiempos - y que pareciera distinto y ahora no termina de echarlo a andar sumido en dudas y tirando por la vía de enmedio. Y los viejos proyectos de los que llevamos hablando años y años se recolocan como los jarrones chinos para que parezcan nuevos sin que funcionen. Rutina meritoria, eso sí.

Nos resta oler un futuro que apenas si detectaremos como en una cata ciega: por pura imaginación sensorial. A no ser que alguien de esa galería lúgubre que habita Capitulares venga a decirnos cómo va a ser el futuro sepia.