CUARTO CENTENARIO

Fuentes y poesía en el naturalismo de Antonio del Castillo

La sala Vimcorsa de Córdoba acoge la última muestra sobre el pintor, que lo pone en relación con su contexto

Cuadro de San Juan Bautista obra de Antonio del Castillo
Cuadro de San Juan Bautista obra de Antonio del Castillo - VALERIO MERINO

El año de Antonio del Castillo, aquel en el que se cumplen cuatro siglos de su nacimiento, toca a su fin, pero ayer vio a la luz la última de las exposiciones con que se celebra: «Antonio del Castillo, en la senda del naturalismo», que busca poner al autor en su contexto natural y en cómo bebió de las fuentes principales de la pintura de su tiempo para desarrollar su lenguaje personal. Estará abierta hasta el 28 de febrero. Fuensanta García de la Torre, ex directora del Museo de Bellas Artes de Córdoba y gran estudiosa de la obra del pintor, ha sido la responsable de esta cita junto con Benito Navarrete y fue guiando por las distintas obras que crean esta «senda del naturalismo» por la que se invita a discurrir al espectador. Sus obras son las protagonistas, pero no las únicas, ya que también firman los grandes pintores de la Córdoba de su tiempo, como Pablo de Céspedes o Juan de Valdés Leal.

Por eso una de las partes más interesantes es la que habla del naturalismo y de la narración, con la influencia del holandés Abraham Bloemaert muy presente. «Su retórica narrativa tiene mucha carga alegórica», dijo la comisaria, que equiparó el ambiente que crea en sus obras con las «Soledades» de Góngora. De ahí destaca una de las obras sobre José, pero también los dibujos en los que destacó su maestría, y los tipos humanos que retrató, y que luego incorporaría a sus obras. Este es uno de los rasgos distintivos, el que le lleva a fijarse en el mundo que le rodea para plasmarlo primero en bocetos y más adelante en los cuadros. De este área destacan también las obras sobre San Juan Bautista y San Jerónimo, rodeados de una naturaleza que toma protagonismo para dejar de ser mero paisaje.

Los temas

En primer lugar, está la «metáfora del silencio», una sección dedicada a un tema en concreto en boga en su tiempo, el de la Sagrada Familia con San Juanito, de origen italiano, una de las fuentes fundamentales. Luego se pasa a una sección en la que la pintura dialoga con la escultura, y no en vano está presidida por una imagen de San Pablo, realizada por Pedro Freile de Guevara para la Catedral de Córdoba. El espectador conoce después otro tema fundamental, el de la adoración de los pastores, que Antonio del Castillo cultivó mucho y donde se ven algunos detalles del hilo conductor de la exposición.

Los dibujos sirven al autor para plasmar la calle y el paisaje que luego se trasladan al lienzo

La presencia de elementos extraídos de la realidad de su época, sobre todo de Córdoba, está presente en los lienzos de este tema, donde hay como un eco costumbrista a pie de página. Los cuadros con esta iconografía denotan una época de madurez en el uso de la luz y en la expresividad. La exposición avanza después hacia la imagen devocional, en consonancia con lo establecido por el concilio de Trento y allí llaman la atención una Inmaculada que procede de colección particular, porque una de las novedades de esta exposición es traer a Córdoba obras que rara vez se pueden ver en público o que están en colecciones o museos muy dispares. Allí está el San Rafael del Ayuntamiento, pero en diálogo con otro también muy conocido de Valdés Leal, que hoy está en el Palacio de Viana.

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