FENÓMENOS EXTRAÑOS

El espíritu que sigue velando por su familia en Córdoba

Los residentes de una parcela de Alcolea notan la voz y la sombra de su tío fallecido

Urbanización El Sol, de Alcolea, donde suceden las apariciones
Urbanización El Sol, de Alcolea, donde suceden las apariciones - ARCHIVO

Una voz que parece no venir de ninguna parte, una sombra que no tiene cuerpo que la proyecte y una presencia que no se nota. Parece de película, pero un matrimonio de Córdoba lo cuenta y tiene testigos de que en su parcela, en Alcolea, ha sucedido. Lo cuenta José Manuel Morales Gajete en su libro «Enigmas y misterios de Córdoba», publicado por Almuzara.

Los protagonistas son Pepe Quirós y María José Jiménez, que viven en una casa en la urbanización El Sol, de Alcolea. Él fue el primero en notar algo. Primero, una voz masculina que le llamaba alto y claro por su nombre. Luego notaría que alguien se acercaba, pero sólo vio una silueta, de 1,75 de altura y que le miraba, pero sin rostro. Ya hacía tiempo que vivían allí y los fenómenos que relataban crecían: sonidos de arrastrar cosas, golpes y pasos de una persona mayor.

Presencia a la espalda

Poco después, también María José, según el relato que hace José Manuel Morales, notó una presencia a su espalda, que en principio tomó por su marido. Ambos pusieron en común lo que habían visto y oído y llegaron a la conclusión de que eran lo mismo. Lo quisieron mantener en secreto, pero quien no lo guardaba era su perrita, que a veces, ante las visitas, ladraba y gruñía hacia un lugar en que no parecía haber nadie. Y quienes se quedaban a dormir tampoco tardaron en oír golpes en la puerta sin que los perros guardianes del exterior de la parcela notasen nada.

José Manuel Morales contó con la ayuda en esta investigación de José Alberto Chastang, que lo había puesto tras la pista del caso, y el físico José Luis Márquez, que analizaron los campos magnéticos y dispusieron un aparato para grabar una psicofonía. Y dio resultado. A la pregunta de si le gustaba que la familia habitara la casa, la voz respondió: «Vivo solo». Y la familia lo conoció: era Juan, tío de Pepe, que había vivido en la casa con él hasta su muerte. Concordaban el tono de su voz (como consecuencia de un cáncer de laringe), la altura de la sombra, el que durmiera en el misma habitación que la pareja, y hasta los pasos de camino al baño por sus problemas de vejiga. Una sensitiva pudo después «hablar» con el tío Juan, según se relata en el libro, que él decía estar bien.

Una grabación pudo registrar la voz, que los habitantes identificaron

¿Se marcharon de la casa? Al contrario, el matrimonio piensa que el tío Juan, cuyas cenizas se esparcieron en aquella parcela que tanto quería, les cuida. Por ejemplo: una vez ella escuchó una voz que la llamaba en plena noche. Despertó a su marido, y éste se encontraba mal. Era una hipoglucemia severa que, de no haberse despertado para combatirla, le habría dejado en coma. Para ellos, una señal de que esta presencia es benigna. Los investigadores, sin embargo, no saben cómo dijo vivir solo si sabía que sus sobrinos estaban con él.

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