Sede del Consorcio de Bomberos de Córdoba
Sede del Consorcio de Bomberos de Córdoba - RAFAEL CARMONA
VERSO SUELTO

Escándalos castizos

El asunto de los bomberos de la Diputación impugnaría, en otro lado y con otra oposición, la forma de acceso al empleo público

CÓRDOBAActualizado:

Puede, como decía ayer mi compañero Baltasar López, que ser presidente de la Diputación Provincial de Córdoba no sea el sueño dorado de nadie que se dedique a la política, pero no se puede negar que es un puesto cómodo donde la capacidad para influir, manejar recursos y allegar votos al partido propio no suele tener la contrapartida de una exposición pública que estrese ni de una exigencia que obligue todas las mañanas a apretar los dientes para no cometer un error fatal para toda la vida.

Sí, fue precisamente allí hace más de quince años, una de las últimas dimisiones sonadas en Córdoba: Matías González tuvo que dejar el sillón después de que se supiera que había contratado a dedo a su amante en la misma Diputación que presidía con aparente placidez, y que ésta le reprochase, en conversaciones que se grabaron, que se le terminaría la nómina en cuanto terminase aquella relación. Al frente del PSOE de Córdoba estaba José Antonio Ruiz Almenara, un político raro en esta época y lunático del todo si se le compara con ésta, que creía en la honradez y no solía tirar de demagogia ni de consigna sectaria.

Aparte de ese caso, por la Diputación (Provincial, aunque le quitaran el nombre) se han sucedido escándalos que además de inmorales tenían una dimensión pintoresca y castiza que casi enternecía. Todavía en la etapa de Matías González se supo que un grupo de diputados se había ido de perol con dinero público. Con lo que se compró de arroz, carne, gambas y cervezas no se iba a descuadrar el presupuesto de la casa, pero servía para hacer un retrato de esos pequeños abusos, entre lo naïf y la cara dura, que tantos años de mayorías absolutas y de poder esconder las cosas sin que nadie las buscara habían dejado como hábito.

Años después pasó aquello de Telesforo Flores, que se adjudicó una uvepeó, tan solicitada por aquel tiempo, a pesar de que ya tenía casa, y dijo que lo hacía por invertir, en la mejor tradición agroburguesa de tener el dinero en ladrillos. Por esas mismas fechas el entonces presidente, el también socialista Francisco Pulido, pasaba facturas hasta del café diario que se tomaba a media mañana en el bar. Alguien llamado José Mariscal no dejó en sus cuatro años de diputado de Cultura mucha memoria, pero sí la certeza de que se ponía fino de marisco y pescado fresco en restaurantes en los que ejercía la ingrata responsabilidad de servir a los ciudadanos y ciudadanas. A nadie le dolió la cabeza más de dos semanas por estos numeritos que de tan cutres resultaban satíricos y entrañables como un número de Los Morancos.

Ahora ABC, el mismo periódico que aireó todas estas cosas, cuenta que el juez ha empapelado a altos cargos del PSOE y de la Diputación por una historia en la que busca demostrar que amañaron oposiciones a bomberos en la Consorcio Provincial, organizaron cursos para contar a los interinos las preguntas y respuestas. En otras partes, con otros partidos y con una oposición a la que no le temblase la voz, sería una ocasión para impugnar todo el sistema de acceso al empleo público y para reflexionar sobre el papel de las Administraciones, y el asunto volaría en memes y entrevistas. Si a lo que se exponen es a una comisión de investigación en la que tienen mayoría y a una tormenta mediática ensordinada por una estupenda máquina de propaganda es de extrañar que no haya dagas florentinas por presidir la Diputación.