Pintura de José Aparicio que escenifica el efecto de la fiebre amarilla a principios del siglo XIX
Pintura de José Aparicio que escenifica el efecto de la fiebre amarilla a principios del siglo XIX - ARCHIVO
PLAGAS

Las epidemias que azotaron Córdoba

Fiebre amarilla, peste, landre, tabardillos...Muchos cordobeses han fallecido a lo largo de la historia por la propagación de diversas enfermedades

CÓRDOBAActualizado:

El pasado de Córdoba ha estado marcado por el azote de la guadaña de diversas enfermedades que cercenó la vida de miles de personas. Francisco Solano recuerda algunas de estas calamidades en su libro «Córdoba inédita», en el que se adentra en la intrahistoria de la ciudad.

Así, entre 1649 y 1650 sucumbieron unas 14.000 personas en el curso de una epidemia de landre o carbunco propagada desde Sevilla. Se trata de una infección que afectaba comúnmente a los animales con pezuñas, como las ovejas, el ganado y las cabras, y que era muy grave.

«En 1682 casi todos los cordobeses sufrieron la peste, aunque por fortuna el número de defunciones no fue muy alto. Los enfermos más pobres solían acudir al hospital de San Lázaro que los hermanos de San Juan de Dios tenían establecido hacia dond ehoy se encuentra el Matadero municipal», relata Solano.

Años después, en 1736 fue una epidemia de tabardillos la que acabo con la vida de unas 15.000 personas, y «en 1785 hubo que cerrar a culto, a raíz de una epidemia de fiebres intermitentes, la parroquia de Santa Marina, pues "fueron tantos los cadáveres en ella sepultados que empezaron a exalar tantas miasmas, que se creyó que perjudicrían a la salud pública"», explica el autor de «Córdoba inédita». Al año siguiente, la plaga se reprodujo y causó otras 1.214 víctimas.

En 1804 hubo una epidemia de fiebre amarilla que en poco más de dos meses acabó con 1.500 vidas. El foco de infección se detectó en la zona de la Axerquía el 4 de septiembre de ese año.

Desde Málaga

Cuentan algunos historiadores que el origen de esta peste letal estuvo en los puertos de Cádiz y Málaga, donde atracaban cargamentos de las Américas con alimentos o materias básicas. La concentración de población en urbes costeras y la presencia de los mosquitos transmisores de este virus hacían el resto.

Así, en 1803 ya hay un primer brote de dimensiones importantes en Málaga que acaba con 7.000 muertes, y que en el verano de 1804 se vuelve a repetir con más defunciones aún: 11.486. Este descalabro pronto saltará a Córdoba, afectando a la capital y a varios municipios del entorno como Espejo, Montilla o La Rambla.

Unos años después, en 1835 hizo acto de presencia por primera vez en Córdoba el cólera, enfermedad infecciosa que provoca diarrea muy abundante. El miedo al contagio era tal que los muertos por la enfermedad eran enterrados a toda prisa, con el fin de evitar, aun saltándose las tradiciones establecidas, que la familia pudiera contraer también el mal.