TRIBUNALES

Diamantes de sangre entre el oro con destino Córdoba

Una estafa destapa una operación ilegal de importación de brillantes de África

Buscadores de oro en una prospección africana
Buscadores de oro en una prospección africana - Archivo

Iba a ser la operación de su vida; ganar 1,5 millones de euros por importar 426 kilos de oro de Johannesburgo a Córdoba desde la misma Aduana en África. Un empresario cordobés, con una ejecución hipotecaria sobre su casa en 2011, vio claro que ésta era una forma rápida de obtener dinero y «enganchó» a sus allegados para que aportaran el dinero suficiente y hacer frente a las tasas, seguro y billetes de la mercancía hasta España.

Pero una de las personas que le prestó 12.000 euros para tener un gran rédito en lo que consideraba un «negocio redondo», y al que prometió que en 45 días le devolvería unos beneficios de 30.000 euros, perdió su dinero y le denunció por estafa. El empresario se sentó ayer ante el tribunal y ahora se enfrenta a dos años de prisión y multa de 2.400 euros a petición de la Fiscalía. La estafa reveló un montaje aún más grave: una operación ilegal de importación de brillantes de África.

En el transcurso del juicio la Fiscalía le preguntó por qué, pese a sospechar de la ilegalidad de la operación, nunca le transmitió ese hecho al denunciante que le prestó el dinero. Ni siquiera le comentó el extremo de que al exportador en África lo habían detenido ante sus propios ojos por pretender camuflar diamantes ilegales («de sangre») entre el oro que iban a exportar.

Destino a Holanda

Durante el juicio celebrado el jueves en la Audiencia Provincial de Córdoba, el acusado, que reconoció no tener más estudios que el Bachillerato, relató con pelos y señales cada paso que dio de Córdoba a Johannesburgo y más tarde a Nairobi (Kenia). Desde allí subió a un avión de Air France con destino a Holanda cargado con cuatro cajas que atesoraban 426 kilos de oro de 22 quilates. Pero la mercancía nunca llegó a España. La otra parte que se hacía cargo de la mitad de los gastos generados por tasas y seguros al parecer no pagó nunca.

Las autoridades aduaneras sospecharon del envío y el oro quedó bloqueado en Amsterdam. Una llamada de la actual presidenta de los joyeros de Córdoba, Milagros Gómez, como responsable de su empresa relacionada con los trámites aduaneros, alertó al empresario cordobés acusado de estafa de que la mercancía había sido retenida. Adiós al sueño dorado.

Lo más llamativo de la historia es que en el primer intento de este empresario por traer el oro de la mina africana a Córdoba fracasó cuando en la misma aduana el encargado de exportar la mercancía fue detenido minutos antes de que embarcaran las cuatro cajas de oro por haber introducido entre ellas diamantes no declarados ante las autoridades. Le valió una sanción administrativa con una multa de 500.000 euros.

A preguntas de la fiscal, el acusado reconoció que tenía «poco dinero» y que la operación consistía en importar ese oro, pasarlo por la refinería y reconvertirlo en 24 quilates. La propia refinería los suele comprar en ese momento, con lo que no tendría que desembolsar esos millones, «sólo era trabajo de traerlos hasta aquí».

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