HISTORIAS

Cuando los cerdos devoraron a dos recién nacidos en Córdoba

Casas y hospitales acogieron a huérfanos a lo largo de los siglos a niños abandonados

Fachada del hospital de San Sebastián, casa de expósitos desde 1820
Fachada del hospital de San Sebastián, casa de expósitos desde 1820 - ARCHIVO

¿Un grupo de cerdos que se comen a dos recién nacidos? Fue hace mucho tiempo, pero pasó en Córdoba. Eran pequeños abandonados por sus madres y a los que se buscaba una familia, un acto nada infrecuente durante muchos siglos en la ciudad y en todas partes. Una mirada a los establecimientos para huérfanos revela muchas historias, a veces desdichadas como esta, que parece sacada de «La familia de Pascual Duarte».

El periodista Francisco Solano Márquez Cruz hace en su libro «Córdoba insólita» acopio de las instituciones que en Córdoba se dedicaron a esta labor. La primera nació en el siglo XVI, pero duró poco. El Cabildo Catedral fue al auxilio y exponía a los niños abandonados en la galería del Patio de los Naranjos a la espera de que alguna familia los adoptase. Teodomiro Ramírez de Arellano cuenta en los «Paseos por Córdoba», cuenta cómo unos cerdos entraron al recinto y «al encontrar en las cunas a dos niños recién nacidos, cebáronse con ellos», algo que horrorizó a los que lo supieron.

El torno

El deán, Juan Fernández de Córdoba, decidió entonces trasladarlos a una propiedad suya, la Casa del Agua, frente a la Mezquita-Catedral. A su muerte, en 1586, pasaron a la ermita de la Consolación, todavía en pie en la calle Armas. Allí aparecerían luego en una excavación cadáveres de niños enterrados y allí depositaban las madres a los pequeños a los que no podían atender. Por algo una de las calles a las que da se llama Tornillo.

De 1599 a 1642, prosigue Francisco Solano Márquez, pasaron a la primera sede del hospital de San Jacinto, entre las calles Barroso y Saravia, y luego otra vez a la Consolación, hasta que en 1820 tuvieron nueva sede: el hospital de San Sebastián, hoy Palacio de Congresos. Así se evitaba que estuvieran expuestos al aire libre.

De la institución se hizo cargo la recién creada Diputación Provincial, que tenía encomendada la beneficencia. Todavía queda en el patio el torno en el que los padres o madres dejaban a los niños, muchas veces fruto de relaciones no matrimoniales. Allí estuvo hasta la década de 1950 la casa cuna o casa de niños expósitos, pero también un hospital para madres con pocos recursos, con un paritorio que estaba donde hoy se alza la Filmoteca de Andalucía.

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