CABALCOR

Córdoba, el mejor escaparate mundial del atalaje

El concurso de carruajes recibe el reconocimiento internacional y entra en el circuito europeo

Concurso de atalaje en Caballerizas Reales, en el marco de Cabalcor
Concurso de atalaje en Caballerizas Reales, en el marco de Cabalcor - V. M.

La Feria del Caballo de Córdoba, Cabalcor, le ha dado el protagonismo que se merece a los enganches que un día fueron los precursores de los actuales medios de transporte. No en vano, la potencia de los motores actuales se miden en caballos, como los que tiraron de los carros de época participantes en el Concurso Internacional de Atalaje, celebrado ayer en Caballerizas Reales.

En su segunda edición, este certamen ha superado todas las expectativas fijadas. «Es asombroso el nivel que se ha conseguido. Hemos tenido que limitar el plazo para las inscripciones porque no podíamos admitir a más participantes», señalaba el vicepresidente de la asociación Córdoba Ecuestre, Juan Antonio Merlos.

Una veintena de carruajes de los siglos XVIII y XIX, procedentes de Portugal y varios puntos de España, como Gerona, Málaga o Cádiz, consolidaron ayer el concurso cordobés, cuyo prestigio ha subido como la espuma en su corta andadura.

Copa Hispano-lusa
Córdoba competirá el año que viene con los clubes de Portugal por el mejor carruaje de la Península Ibérica

Tal es así que el próximo año esta competición de atalaje, tal y como informó el portavoz y fundador del Club de Carruajes de Tradición de Córdoba, Javier Vilches, formará parte del circuito europeo, lo que «supone un espaldarazo a nuestro concurso, que es el segundo que existe en toda España con el rango de internacional».

Vilches informó de que el club al que representa acaba de ser incluido en la Asociación Internacional de Atalajes de Tradición, eso significa que los carruajes cordobeses competirán el año que viene en la Copa Hispano-lusa, en la que se organizan distintas pruebas de atalaje en España y Portugal en busca del mejor tiro de caballos.

Gran afición

La afición que existe por estos vehículos quedó ayer patente con la gran entrada de público para presenciar el concurso. Los pescantes ocupados por niños y mujeres son otra muestra de que esta tradición cuenta con banquillo y relevo generacional.

Eduardo López Jiménez, de 11 años, confesaba con las riendas de su tiro que se había levantado hecho un manojo de nervios «pero ya se me han pasado», reconocía minutos antes de entrar en Caballerizas para competir con su carruaje.

La socia del club cordobés de atalaje Rocío Jarabo encabezaba ayer la columna de carruajes. Era el segundo año que participaba a los mandos del coche de tiro y reconocía que «el nivel y la calidad de los coches ha subido en esta edición».

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