Pío Baroja en su biblioteca
Pío Baroja en su biblioteca - ABC
LITERATURA

La Córdoba de Pío Baroja: Ruta por los enclaves de la «Feria de los discretos»

ABC recorre algunos de las plazas y calles por las que pasó Quintín García Roelas en vísperas de la Revolución de 1868

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  1. Gran Capitán y Tendillas

    Las Tendillas, a vista de pájaro
    Las Tendillas, a vista de pájaro - V.M.

    Gran Capitán, la calle Gondomar y la plaza de Las Tendillas son los primeros enclaves que recorre Quintón García Roelas a su llegada a Córdoba en la famosa novela de Pío Baroja «La feria de los discretos». El protagonista de esta obra, que se sitúa en vísperas de la Revolución de 1868, es «un hombre de acción que necesita dinero y complicaciones para vivir». Regresa a su ciudad natal, que surge como un personaje más del relato e irá sumiéndose en un profundo pesimismo al descubrir la miseria y mezquindad de las gentes.

    Su recorrido por estas zonas del Centro de la capital aparece en el capítulo 1: «-Me voy convencido de que estoy en Córdoba-, murmuró Quintín, y entró en el paseo de Gran Capitán, tomó después por la calle de Gondomar hasta las Tendillas, y de aquí, como si el día anterior hubiera pasado por aquellas calles, se plantó en su casa».

  2. Mezquita-Catedral

    Altar Virgen de los Faroles
    Altar Virgen de los Faroles - ABC

    En el segundo capítulo de la novela, Quintín llega a la Mezquita-Catedral; en concreto, se para ante el altar de la Virgen de los Faroles, y cita la leyenda que aún hoy sigue intacta.

    «Sin advertirlo, Quintín se acercó a la mezquita y se encontró ante el muro frente a un altar con un sotechado de madera y unas rejas adornadas con tiestos de flores. En el altar había este letrero: Si quieres que tu dolor/ se convierta en alegría/ no pasarás pecador sin alabar a María», recoge el texto de Baroja.

  3. Calle de La Feria

    Calle de la Feria hoy en día
    Calle de la Feria hoy en día - V.M.

    El protagonista de la obra del escritor vasco también se para en la calle de la Feria, donde Gil Sabadía, un arqueólogo amigo suyo, le cuenta algunas curiosidades sobre esta avenida:

    «-¿No se ha fijado, dijo D. Gil, de lo altas que son las casas en esta calle?.

    -Hombre sí ¿y por qué es eso?

    -Por dos razones, contestó don Gil:

    -La primera por ganar altura que le quitaba la muralla, la segunda porque aquí se celebraban antiguamente la mayoría de los espectáculos. Allí se ejecutaban, se corrían toros y cañas, y durante los ocho días anteriores a los de la Virgen de Linares, los calceteros tenían una gran feria. Por eso en las casas hay tantas ventanas y galerías y la calle se llama de la Feria».

  4. Plaza de La Corredera

    Veladores de la plaza de la Corredera
    Veladores de la plaza de la Corredera - V.M.

    La Corredera es uno de los enclaves que Baroja describe con todo lujo de detalles en «La feria de los discretos» y ofrece una fotografía de lo que fue entonces:

    «[...] No había dejado de los arcos rinconadas sin puesto ni columna sin tenderete al pie. En el fondo de los proches aparecían los portales de las posadas, con sus patios clásicos y sus nombres castizos como la posada de la Puya del Toro... Las alpargaterías ostentaban como enseña sus ruedos de pleita: los establecimeintos de bebidas, sus anqueles llenos de botellas de colores; las tiendas de los talabarteros, sus jáquimas, cinchas y atahares; las triperías, las vejigas y cedazos hechos de piel de burro de Lucena. Aquí, un tejedor de caña iba construyendo cestas; allá, un baratillero poníen en montón unos cuentos libros grasientos, y cerca, una vieja entantigua sacaba del fondo de una sartén una rodaja de merluza y la ponía sobre una lámina de hoja de lata».

  5. Plaza de la Almagra

    Vista actual de la plaza de la Almagra
    Vista actual de la plaza de la Almagra - ABC

    Tras pasar por La Corredera, el joven se dirige hacia este enclave, la plaza de la Almagra: «Salió Quintín por el Arco Bajo a una plazoleta, en donde algunos viejos tomaban el sol, con la capa liada al cuerpo....y les dijo:

    -Yo quisiera que me dijese si hay por aquí algún baratillo más que los de la Corredera.

    -Sí señor, hay uno en la plaza de la Almagra».

  6. Calle Agustín Moreno (antigua Sol)

    Calle Agustín Moreno
    Calle Agustín Moreno - ABC

    En el capítulo IV, Quintín va en busca del Palacio del Marqués de Tavera (en la ficción de la novela) en la calle Sol, la actual Agustín Moreno, donde se alza majestuoso el Palacio del Marqués de Benamejí, hoy Escuela de Arte y Oficios Dionisio Ortiz:

    «Salió Quintín de casa; bajó á la Corredera, y por la calle del Poyo, rodeando una iglesia, salió á la de Santiago. Lloviznaba; el día de Enero estaba templado, tibio, el cielo gris.

    [...] Embebido en estas preocupaciones, Quintín se desvió de su camino y tuvo que preguntar para dar con la calle. El palacio del marqués de Tavera se levantaba en una calle de los barrios bajos, que con distintos nombres en sus diferentes trozos, iba, desde la plaza de San Pedro, al Campo de la Madre de Dios».

  7. Torre de la Calahorra

    Torre de la Calahorra
    Torre de la Calahorra - ABC

    En el capítulo 23 de la novela, Pío Baroja recorre de la mano de su protagonista la zona de la Calahorra:

    «Quintín trató de buscar la salvación en las piernas, y echó á correr como un gamo; salió frente á la Mezquita, bajó por el Triunfo, atravesó la Puerta Romana, y siguió por el puente hasta llegar al pie de la torre de la Calahorra. Se oían por todas partes el pito de los serenos.

    En la salida del puente había una pareja de guardias civiles. Podían no estar advertidos; ¿pero, y si lo estaban? Quintín retrocedió. Desde allá se veía la catedral y el muro negro de la Mezquita, que cortaba con sus almenas la claridad suave del cielo».

  8. Plaza Séneca y Ambrosio de Morales

    La plaza Séneca también aparece en el libro
    La plaza Séneca también aparece en el libro - V.M.

    Baroja también enseña al lector en su novela la plaza Séneca y la calle Ambrosio de Morales, aunque de pasada, en el capítulo 25: «[...] Le siguió Quintín de lejos y salieron, después de cruzar varias intrincadas callejuelas, a la plaza de Séneca, y de aquí a la calle de Ambrosio Morales, donde estaba el teatro. Una luz de gas iluminaba la puerta sin esclarecer apenas la calle. No había comenzado la función. Entró Pacheco en una freiduría próxima y Quintín le siguió».

  9. Calle Concepción y San Nicolás

    Calle Concepción, en pleno centro
    Calle Concepción, en pleno centro - ABC

    «Pasaron por cerca de San Nicolás de la Villa, y tomaron por la calle de Concepción, hacia la Puerta de Gallegos.

    Soplaba un viento fuerte, que hacía que persianas y balcones golpearan con estrépito.

    -¿En dónde está esa taberna? -preguntó Springer.

    -Aquí mismo -contestó Quintín-. Ésta es la calle del Niño Perdido, sin salida; no es la nuestra. Esta otra, la de los Ucedas, tampoco es la que buscamos.

    Dieron unos cuantos pasos.

    -Ésta es la calle del Bodegoncillo -dijo Quintín-, y aquí está la taberna».

  10. Plaza del Potro

    Quintín también pasa por la plaza del Potro
    Quintín también pasa por la plaza del Potro - R.C.

    Baroja, como hizo Cervantes en «Don Quijote de la Mancha», menciona la plaza del Potro en su novela:

    «Se dirigió Quintín al Potro, para ir hacia la calle del Sol, casi al otro extremo del pueblo, é iba pensando en las mil contingencias favorables ó adversas que podían intervenir en sus planes cuando un chiquillo jorobado se le acercó corriendo, y le dijo:

    -Zeñorito, una limozna, que eztamos mi madre y yo zin come.

    -¡A esta hora sales á pedir limosna!- mumuró Quintín- Pues á bien que vas á encontrar mucha gente por aquí».