Luis Miranda - VERSO SUELTO

Concierto de claxon Luis Miranda

Buena noticia para los concesionarios: jornadas buenistas como el día sin coche suelen tener el efecto contrario

Dicen que los vendedores de armas en Estados Unidos tienen una foto enmarcada de Barack Obama para agradecerle en efigie que sea su mejor comercial. Por esas raras asociaciones con las que el ser humano simula que razona, cada vez que el presidente dice que sería necesario controlar el comercio con rifles, pistolas y escopetas, los amantes de estos artefactos, aunque todavía tengan en los oídos el estruendo de alguna masacre indiscriminada e incomprensible, corren a aprovisionarse de objetos que ya no se sabe si son para su legítima defensa y para la salvaguardia de su propiedad o adornos de un traje folklórico con que se interpretan a sí mismos, como aquí los trajes de flamenca.

Después del parón veraniego, si es que lo hubo, los concesionarios ya saben que les espera una temporada con movimiento. El día sin coche cortará hoy Ronda de los Tejares con la excusa de que el Ayuntamiento quiere que «la gente» recupere las calles, porque como bien es sabido al volante de los vehículos a motor hay mandriles, osos y avestruces; la consecuencia no irá más allá de algunos cabreos de conductores y un concierto de cláxones, porque estas jornadas buenistas y grandilocuentes, tan falsas en el fondo como si a unos presos se les agasajara con un banquete para seguir al día siguiente con las torturas, suelen traer el efecto contrario de lo que se dice buscar.

Sí, hoy habrá quien tenga el nubarrón encima mientras se pule esperas interminable en el coche, si es que no se ha despejado el horario por pura previsión, pero mañana ya le irá bastante mejor. Más crudo será para aquel ciudadano con buenas intenciones que ha pensado que ya que el viejo utilitario no parece soltar por el tubo de escape nada que haga pensar en muchos años más, quizá estuviera bien eso de pasarse al transporte público y olvidarse de los aparcamientos y los carriles colapsados. Como sueño en voz alta funciona estupendamente: lo malo es cuando uno se da cuenta de que los mismos que predican, con razón, que los coches con el conductor solito son un monumento a la ineficiencia, no han puesto interés en que la línea de autobuses urbanos tenga no ya sentido, sino un poco de simetría.

Tan verdad es que hay demasiados vehículos privados y que algunos abusan del vicio quimérico de ir de puerta a puerta como que los que tienen que ordenar las calles no han dado ninguna alternativa coherente. Pasó con Cruz Conde: lo que iba a ser tráfico restringido se convirtió de un día para otro en una calle peatonal de principio a fin; las tiendas empezaron a sofisticarse, se llenaron de gozo los ciclistas y los paseantes ociosos y lo cierto es que quedan mejor los magnolios que los todoterrenos, pero el que todos los días tenga que hacer una excursión desde Las Tendillas hasta la parada de autobús más próxima empezará a pensar si no trae más cuenta y se gastan menos suelas con el abono de algún parking y que del cambio climático se preocupen los bisnietos.

No hay que quitar culpa al espíritu provinciano de esta ciudad donde hay gente que no enseña el bonobús para que las vecinas no sospechen que lo tiene que coger a menudo, pero sí de verdad quieren que Aucorsa no sea un agujero con autobuses vacíos y cascados tienen tres opciones: o le dan un repaso a las líneas, o ponen microbuses para aliviar algunos transbordos o ponen más «güifi» y que al menos la pérdida de tiempo se entretenga.

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