Llegada del féretro a la iglesia de San Miguel - ABC
LUTO EN LAS LETRAS

Centenares de personas despiden a Pablo García Baena en la iglesia de San Miguel de Córdoba

Una misa acompañada de poesía y música recuerda a «un hombre bueno que cumplió el proyecto de Dios»

CÓRDOBAActualizado:

Un cuarteto de cuerda pone música a la despedida de Pablo García Baena en la iglesia de San Miguel de Córdoba. Hasta el lugar han acudido centenares de personas para dar el último adiós a la voz del grupo Cántico. Familiares y amigos del poeta comparten su dolor con nombres propios del mundo de las letras, como Juana Castro o Alejandro López Andrada, y con todas las autoridades de la ciudad, desde la alcaldesa Isabel Ambrosio hasta el subdelegado del Gobierno, Juan José Primo Jurado, pasando por la consejera Rosa Aguilar, que el lunes, tras visitar la capilla ardiente que se instaló en el Ayuntamiento de Córdoba, recordó las enseñanzas que le brindó Pablo García Baena, a quien se sentía muy unida.

Esta tarde sus cenizas se depositarán en el panteón del Marqués de Cabriñana, en el Cementerio de la Salud de Córdoba, pero hasta que llegue ese momento queda aún tiempo para la despedida. Una misa en San Miguel y un responso en San Jacinto, al calor de su venerada Virgen de los Dolores, permiten alargar el adiós a quienes le quisieron y admiraron en vida. Entre ellos, el párroco Antonio Gil, que ha oficiado su funeral y que le dio confesión horas antes de su muerte en el hospital de la Cruz Roja.

El párroco se despidió del laureado poeta citando uno de los versos de su poema «Ceniza»: «Polvo soy que algún día volverá hasta tus plantas». Le une una especial vinculación con el poeta que tiene su origen en la parroquia de San Lorenzo, donde pasó 24 años. Se trata del templo del Remedio de Ánimas, hermandad en cuya fundación tuvo un importante papel García Baena, que además de poeta, vecino y amante de su ciudad fue un cofrade ejemplar. Durante la misa, Gil recordó su «amor cofrade» por Ánimas y la Virgen de los Dolores y le definió como «un hombre bueno que cumplió el proyecto de Dios» y lo trasladó a las letras: «Escribir sin prisa ni sin pausa».