El escritor de Puente Genil Juan Campos Reina
El escritor de Puente Genil Juan Campos Reina - ABC
Cultura

Juan Campos Reina: El enigma del conde de Santepar cumple 30 años

La crítica fue unánime con el pontanés y reconoció una aportación a la renovación en marcha de la literatura en español

CÓRDOBAActualizado:

CORRÍA el año 1988 y el cantautor ubetense Joaquín Sabina asaltaba los transistores con la sordina melancólica de su «Quién me ha robado el mes de abril». El muro de Berlín, esa vergüenza de la guerra fría en la vieja Europa, se resquebrajaba mientras el mexicano Hugo Sánchez metía goles de chilena como quien bosteza e iba quitando las telarañas de las escuadras de aquella España con olor a Larios-Cola y a comando Vizcaya. Gobernaba Felipe González y la vicepresidencia recaía en un hombre de verbo flamígero que se enorgullecía de leer en sus ratos libres «La cartuja de Parma».

Ahí, justamente en esas calendas de una España aún optimista, apareció en la editorial Seix Barral de Barcelona una breve novela titulada «Santepar», el debut literario del escritor Juan Campos Reina, cordobés de Puente Genil. Nacido en 1946, se echaba al ruedo literario así, pasada la cuarentena, el que con el pasar de los años y tras su temprano fallecimiento en 2008 llegaría a ser considerado por el poeta y profesor Carlos Clementson como «el mejor escritor cordobés desde Juan Valera». Un prosista prodigioso y nacido como por error en tierra fértil de poetas, en ese Puente Genil del modernista Manuel Reina, del exiliado Juan Rejano o del elegiaco Ricardo Molina.

Caricatura de Manuel Mampaso
Caricatura de Manuel Mampaso- ABC

Treinta años después resulta curioso echar un vistazo a las circunstancias y a las críticas que registró «Santepar», pues su irrupción fue prodigiosa. Algo comprensible si se entiende que cuando era apenas un manuscrito ya había enamorado a una de las leyendas más cimeras de la literatura española del XX, Carmen Balcells, agente literaria de gigantes como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Manuel Vázquez Montalbán.

La viuda de Campos Reina, Fernanda Suárez, recuerda bien aquellos días en los que su marido, inspector de Trabajo en su vida cotidiana, «corregía y volvía a corregir» sus cuartillas con un afán perfeccionista que nunca le abandonaría y al mismo tiempo que se carteaba con Balcells. «Carmen y Juan conectaron bien y ella siempre le tuvo un cariño muy especial»; un afecto que con el tiempo se tradujo en visitas a su domicilio de Málaga, donde el escritor vivía con su mujer y sus cuatro hijos, e incluso al Puente Genil natal de Campos Reina, que según relata Fernanda «le encantó» a la agente.

Esa amistad que iría creciendo con los años fue clave en el tránsito de ese manuscrito desde el despacho del autor hasta la editorial Seix Barral, que fue quien lo publicó. Allí lo acogieron con entusiasmo el poeta Pere Gimferrer, raro entre los raros y padre de tantos hallazgos, y el editor Mario Lacruz. Y gracias a ellos fue como llegó a las librerías una novela no precisamente comercial pero sí exquisita, con un lenguaje como esculpido y de profundo sabor. Una ópera prima que en aquella primera edición, 140 páginas en rústica y con solapas, aparecía bajo el siguiente comentario laudatorio: «Santepar es una novela insólita y personalísima, las memorias, incompletas, de un artista y nigromante que, en el aquelarre galante del Madrid de 1723, asciende a cierta notoriedad subterránea como pintor de cámara de un lupanar y se adentra en las recovas de un mundo huidizo, de sexualidad equívoca y fantasmagoria alucinada, hasta convertirse en el conde de Santepar y diluir su identidad en el enigma».

Poco tardó la crítica en recibir esta obra literaria con alborozo y con comentarios que reconocían lo poco habitual que era ver a un debutante echarse a la siempre complicada carretera novelística con la apostura relajada de un veterano. ABC fue de hecho uno de los periódicos nacionales que reconocieron pronto los valores de «Santepar» y así lo plasmó con prosa muy aromática el crítico gaditano Juan de Dios Ruiz-Copete en las páginas del «ABC Literario».

Parte de la obra del autor pontanés
Parte de la obra del autor pontanés - ABC

Decía por ejemplo de este libro que bien podría «haberlo suscrito -sin desdoro- un Quevedo, un Mateo Alemán o un Camilo José Cela» y mostraba sus dudas sobre el hecho de que fuese una ópera prima debido a que la obra mostraba «concatenación lingüística, ajuste de lenguaje coherente y fiel verosimilitud».

Los halagos

Fino olfato el de Ruiz-Copete, aunque no fue el único que se apercibió del hallazgo. También lo hizo el periodista y novelista canario Juan José Armas Marcelo, que en su sección de la revista «Tiempo» hablaba de la «maestría de un escritor que nace sin alharacas ni exageraciones». O Juan Molina, que en el desaparecido diario «Ya» buscaba antecedentes en obras con millones de ventas en esa época como «El perfume» de Patrick Süskind o «El amor en los tiempos del cólera» de García Márquez. Tal fue el impacto que incluso medios tan diametralmente opuestos en lo ideológico como el «Diario Alcázar» y «Mundo Obrero», uno ultraderechista y otro órgano de expresión del Partido Comunista, llegaron a publicar reseñas elogiosas sobre el debut del escritor pontanés.

Visto este éxito desde la actualidad, con el poso de las tres décadas transcurridas, el profesor de la Universidad de Córdoba (UCO) Blas Sánchez Dueñas defiende que la aparición del escritor en el panorama literario español no fue un hecho aislado. «Santepar» -explica- apareció cuando tan sólo un año antes Juan Eslava Galán se había alzado con el premio Planeta por «En busca del unicornio». Dos años antes de este acontecimiento, el también andaluz Antonio Muñoz Molina había sacado a la luz «Beatus Ille» y Arturo Pérez-Reverte había hecho lo propio con «El húsar».

También recuerda Sánchez que el añorado Horacio Vázquez Rial «había aparecido ese mismo año en los anaqueles con Territorios vigilados (1988)», mientras que Luis Landero publicó un año después esa fascinante pericia narrativa titulada «Juegos de la edad tardía» y Almudena Grandes sorprendió al mundo literario con las aventuras eróticas de Lulú. En este contexto, el profesor considera que «no sería arriesgado aventurar que el advenimiento de todos estos novelistas formó parte de un deseo de incorporar nuevos nombres a las nóminas editoriales y nuevas obras que renovaran, para bien, los catálogos librescos y las corrientes narrativas».

Los hijos del escritor, Gonzalo, Diego y Álvaro Campos
Los hijos del escritor, Gonzalo, Diego y Álvaro Campos - ABC

Sugiere Blas Sánchez en cualquier caso que como «el aterrizaje de Campos Reina en el espacio de la narrativa de ficción española se produjo con mucha demora con respecto a lo que cabría esperar». El autor acabó siendo uno más de «ese amplio espectro de escritores desclasados con respecto a lo que debería ser su promoción literaria».

El estímulo

Pese a esa circunstancia, de lo que no cabe duda alguna es de que el éxito de «Santepar» fue un estímulo para el escritor. Su viuda lo recuerda muy ilusionado con el efecto que tuvo la obra y reconoce que le sirvió de acicate para afrontar retos mayores como «La Trilogía del Renacimiento» o el díptico «La cabeza de Orfeo», ambos reunidos por la editorial Random House Mondadori, responsable a su vez de la reedición de «Santepar» en Debolsillo en 2011.

Con ellas lograría Campos Reina nuevas críticas favorables y el elogio de personas tan variadas como Arturo Pérez-Reverte, Alfonso Guerra, Javier Cercas, Vázquez Rial, Santos Sanz Villanueva, Clara Sánchez o Ángel Basanta. También con su libro de relatos «Tango rojo» o con su erudito y pasional ensayo póstumo «De Camus a Kyoto».

Aunque quizá el mejor legado de Juan Campos Reina no sean siquiera sus obras sino el linaje intelectual que persiste en sus cuatro hijos, tres de los cuales se dedican a la creación: Gonzalo Campos Suárez (dramaturgo y en breve también cuentista), Diego (dramaturgo y guionista) y Álvaro (poeta y ensayista).

Ellos son el fruto del ejemplo de aquel escritor al que ellos, de niños, veían como un «súperhombre» y no podían molestar porque necesitaba concentrarse para crear esa prosa pulida e inigualable, ese «mundo propio» del que habla hoy su hijo Álvaro. Se podría decir en fin que todo en Campos Reina es culto y exquisito, desde aquel conde de Santepar que llegó a las librerías para quedarse hace 30 años a estos hijos que guardan hoy con celo filial su memoria y un legado en el que aún hay mucho por reivindicar.