CAZAR EN CÓRDOBA

El «bautizo» de los Monteros Tradicionales

La peña montera organiza su primera cacería en una jornada pasada por agua

Desayuno de los monteros antes de ocupar sus puestos
Desayuno de los monteros antes de ocupar sus puestos - F. B.

Con el sorteo, celebrado el día de antes de montear, sin duda obligado por la amenaza de lluvia que se cernía el pasado 5 de noviembre, comenzó su andadura la peña C.D. Monteros Tradicionales de Córdoba, formada por un entusiasta grupo de monteros, mezcla de veteranos y noveles, como dice el himno de un afamado club de futbol patrio.

El día de la montería, a una hora temprana, en pleno campo, se procedió a la junta para compartir un suculento desayuno, ordenar las armadas y partir hacia la mancha: Las Mesas de Prieto, tan afamada y clásica para los auténticos aficionados. El tiempo no dio tregua desde primera hora, y la lluvia hizo su aparición desde el principio, amenazando no sólo el bienestar de los asistentes sino también la integridad de los carriles.

Según Álvaro Martín Cordobés, joven montero, socio, junto a su padre de la peña, «a pesar de que el día no se presentaba el más idóneo para montear, la ilusión puesta por nuestra peña en esta nueva andadura hizo que nos lanzáramos al campo en busca de los ansiados lances que tan agitado nos ponen el corazón». Para él, la organización fue excelente, labor sin duda achacable tanto a la junta directiva y al jefe de campo, así como a la colaboración activa de todos los miembros de este entrañable grupo.

El jefe de campo, avezado en estos temas, dio las instrucciones pertinentes y mandó organizar las armadas que, sin demora, salieron para dirigirse a la finca.

En esos momentos, las rehalas comenzaron a llegar y, de la mano, de Joaquín Borland, cabeza, junto a su padre, de una ejemplar rehala, se organizaban para soltar.

De eso, de rehalas, sabe mucho Antonio Aguilera, vocal encargado de las mismas. «Se realizaron seis sueltas en la mancha repartiendo las diecisiete rehalas encomendadas para batir la mancha». Antonio nos manifestaba que, «pese a que la mañana no pintaba bien y el agua hacia presencia, amenazando con estar todo el día lloviendo, la labor de las rehalas fue excelente». El pistoletazo de salida se hizo en la suelta de la Casilla del Aire a las 11.30 horas. A continuación, las demás rehalas ordenadas por el jefe de campo empezaron a cazar.

Buen nivel de las rehalas

En breve se escucharon las primeras ladras y las primeras detonaciones. Según Aguilera, las reses se dejaban ver en la coronas, en las zonas altas sin querer cumplir a las posturas. Las rehalas cazaron despacio, evitando que la «torta» de agua que caía empañara la labor de los perros. Los podenqueros se emplearon a fondo junto a sus perros y con un trabajo magnífico en equipo consiguieron llevar las reses a las posturas sin dejar un palmo de tierra sin cazar. La buena labor de los rehaleros y de los guías consiguieron, en líneas generales, dejar un buen sabor de boca a todos los componentes de Monteros Tradicionales.

Los monteros, por su parte, hacían lo posible por capear las inclemencias atmosféricas. Algunos, menos avezados (y más cómodos también, por qué no decirlo), estuvieron más pendientes de no mojarse que de la caza en sí. No obstante, el día dio para mucho y, aunque es imposible que todos los puestos cumplieran, si lo hicieron un buen número de ellos (si por cumplir se entiende tirar, que otra cosa es quedarse con la res en el puesto).

Trofeos algo escasos, pero buenos

En la organización que propone Monteros Tradicionales de Córdoba prima el compañerismo, el rigor, la tradición y el buen hacer, teniendo en cuenta que tradición no es sinónimo de inmovilismo, sino de respeto por unos principios transmitidos de padres a hijos, generación tras generación, y que permiten que la Montería Española, única en el mundo, continúe, a día de hoy, vigente en nuestros campos, con todos los adelantos técnicos posibles; pero anclados a las tradiciones centenarias que caracterizan a esta sin par actividad.

Para Rafael Borland, presidente de Monteros Tradicionales de Córdoba, «el día cumplió, pese a lo desapacible de la jornada; las rehalas estuvieron a un nivel sobresaliente».

Al final de la jornada, y cuando las rehalas recogían a toque de caracola, los asistentes se dirigían hacia el cortijo de la finca, donde al abrigo de una carpa, dieron cuenta de un suculento menú ofrecido por la firma Palacio de La Carlota, que hizo las delicias de los asistentes con su profesionalidad y calidad.

El resultado final, algo menor de lo esperado, se adornó con veintisiete reses, con algún venado bonito de montería.

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