Dos cocineros en la Gran Huevada de Villafranca de Córdoba
Dos cocineros en la Gran Huevada de Villafranca de Córdoba - ARCHIVO
PERDONEN LAS MOLESTIAS

Autodeterminación del huevo frito

Villafranca resolverá el litigio de la Gran Huevada sin vías unilaterales ni artículo 155. Habrá referéndum pactado y punto

CórdobaActualizado:

HABRÁ referéndum vinculante. Y pactado. Autorizado por el Consejo de Ministros como dicta la legislación vigente. Sin procesos unilaterales ni Ley de Transitoriedad ni desbordamientos de la Constitución de 1978. Villafranca de Córdoba quiere darle la palabra a sus vecinos y la tendrán. Porque los vecinos son soberanos de la Gran Huevada y tienen derecho a decidir si la siguen celebrando la noche del 14 de mayo o se adelanta al sábado anterior.

A usted le podrá parecer una soberana frivolidad la naturaleza del conflicto villafranqueño. Podrá considerar que en este país existen una docena de problemas más acuciantes. Que el paro se mantiene en tasas insoportables. Que la vivienda sigue siendo un artículo de lujo para miles de familias. Que la corrupción anega todas las esferas de poder. Que la justicia es lenta. Que la sanidad pública se deteriora. Que la unidad territorial está en peligro.

De acuerdo. Pero en Villafranca de Córdoba hay un conflicto. El conflicto de la Gran Huevada. Un litigio que nació como una oportunidad en 1982 gracias a la iniciativa particular de Antonio Pérez Porras, secretario de la Cámara Agraria Local. El clarividente empleado propuso una huevada popular la víspera de la romería de San Isidro para proporcionarle una mayor proyección a la tradicional fiesta del pueblo. La idea fue un éxito desde el principio. Tanto que el Ayuntamiento la acabó asumiendo como evento oficial y, desde entonces, la afluencia de visitantes no ha parado de incrementarse.

El año pasado se repartieron 20.000 huevos fritos. Un tsunami turístico que amenaza con comerse a la propia romería de San Isidro con patatas. Llegados a este punto, urgía tomar una decisión para salvar la integridad de la fiesta mayor y evitar una fractura social que parecía imparable. El equipo municipal tuvo la tentación de tirar por la calle de en medio.

Proceder de forma unilateral amparado en la fuerza de sus votos y la mayoría de sus escaños. Pero no hay nada más democrático que escuchar la voz de los vecinos, sostienen los grupos de oposición.

Y en efecto. El Ayuntamiento pudo haber promulgado su propia Ley de Transitoriedad a partir de la cual proclamar la DUI de la Gran Huevada. Tenía los votos y el poder ejecutivo. Y prefirió resolver el conflicto villafranqueño por vías pacíficas y democráticas. El pasado septiembre, el Consejo de Ministros autorizó al Consistorio la celebración de una consulta popular para un eventual cambio de fecha. El referéndum tendrá lugar el próximo 11 de marzo y la papeleta contendrá una sola pregunta: «¿Está usted de acuerdo en que la Gran Huevada pase a celebrarse el sábado anterior al 15 de mayo?».

El referéndum «cumple con todos los requisitos formales y materiales exigidos por la normativa reguladora de las bases de régimen local», declaró con todo protocolo el Gobierno. La pregunta de la consulta es clara y sin ambigüedades. Ni incluye terceras vías que acabaran exigiendo una reforma de la Constitución. «Esta decisión le corresponde al pueblo», ha manifestado el portavoz del PP. «Vamos a animar a la ciudadanía a que vote y decida libremente», dijo el representante de IU. La portavoz de la agrupación VEM, por su parte, lamentó no haber sido consultada en un asunto nuclear de la identidad villafranqueña.

Todo parece indicar que en marzo próximo el conflicto del huevo frito será un eco del pasado. Sin vías unilaterales ni artículo 155 que hubieran puesto en peligro la paz social de la Gran Huevada de Villafranca.