PARALÍMPICOS

Artacho, el perfil de un ganador

El cordobés y seleccionador de BSR completa en Río un 2015 para el recuerdo

El seleccionador del equipo nacional de baloncesto en sillas de ruedas, José Manuel Artacho
El seleccionador del equipo nacional de baloncesto en sillas de ruedas, José Manuel Artacho - C.D. ILUNION

Camino de los 39 años, José Manuel Artacho puede decir que 2016 será un momento único en su vida. Desde siempre fue un apasionado del deporte y hoy se puede decir que su tiempo ha tenido recompensa en función a los logros obtenidos a lo largo del mismo haciendo las veces de entrenador de baloncesto en silla de ruedas.

No en vano, en el año corriente, Artacho puede presumir de haberlo ganado casi todo desde la pizarra. Su historial reza diciendo que ha sido campeón de Liga, Copa de España y Copa de Europa con el Ilulion. Con todo, su gran éxito proviene desde Río de Janeiro. Y es que hace poco días catapultó al baloncesto en silla de ruedas nacional a la consecución de una medalla de plata en los Juegos Paralímpicos. La primera en la historia.

Incluso, se puede decir con rotundidad que Artacho ha pasado a la historia del deporte provincial. Porque la presea conseguida en Brasil con el equipo nacional marca el hito de ser el primero de los cordobeses que con el rango de entrenador la han conseguido en unos Juegos. De hecho, se puede decir que en esta cita estival de Río el deporte cordobés aportaba más técnicos, como son los casos de Rafael Lozano, Eduardo Aguilar o Domingo García. Curiosamente, todos se quedaron a las puertas de una medalla que sí obtuvo Artacho.

Con todo, la llegada al baloncesto en silla de ruedas de José Manuel Artacho fue casualidad. Con 18 años, emigró a Madrid para cursar los estudios de INEF. Por entonces, su pasión por el deporte se proyectó en disciplinas variadas como las artes marciales, el ciclismo de montaña o el voleibol.

De hecho, su dedicación al deporte de las dos ruedas le acercó a los aros. Artacho, cursando la carrera, recibió la propuesta de Javier Pérez, también cordobés y profesor, de que se acercara al baloncesto, puesto que las sillas presentaban situaciones muy similares a la de las bicicletas. Así, su primera función fue la de hacer las veces de mecánico.

Pero, poco a poco, amplió esa colaboración hasta el punto de que hizo las prácticas de preparador físico con el que hoy es su equipo: Ilunion. Por entonces, ya estaba totalmente sumergido en este mundo tan peculiar. Y comenzó a entrenar proyectándose como una gran apuesta para los banquillos.

De hecho, no tardó demasiado en ir ascendiendo en los escalafones de la selección española, puesto que pasó de ser el ayudante del seleccionador femenino a responsable del equipo sub 21. El caso es que su trabajo ofrecía rendimiento y eso le llevó a ser el máximo responsable del equipo nacional en la cita de Río de Janeiro.

Y, en Brasil, España se fue superando jornada tras jornada para llegar en óptimas condiciones a la lucha por las medallas. Y ahí también supo responder a la perfección. Incluso, mostró su lado más ambicioso al reseñar que ni se conformaba con pasar de cuartos o de superar las semifinales. Lo quería todo. Sencillamente, porque se acostumbró a ganar, como lo demuestra también el trabajo realizado con el Ilunion, con el que no sólo domina España sino también Europa.

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