Rafael Ángel Aguilar Sánchez - EL NORTE DEL SUR

Arriba a la derecha

Cuento hasta veinte banderas constitucionales colgadas de los balcones de la avenida de las Ollerías

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Cuento una, dos, tres.. hasta cerca de veinte banderas constitucionales colgadas de los balcones de la avenida de las Ollerías. Veo una que ocupa la fachada casi entera de una peluquería femenina pequeñita y entro en ella y me siento, me miran con cara de qué hace usted aquí si no es de las nuestras y digo, tal y como me invento así de primeras, que a lo que vengo es a pedir cita para otra persona y me responden que espere. Va a terminar la primera semana de un octubre veraniego y las clientas sólo hablan de dos cosas: una es el calor, que me tiene los pelos como me los tiene, tú te crees que hay derecho a esto; y de lo que está pasando allí arriba a la derecha. Una de las empleadas comenta las noticias que da a esa hora la tele: «Mirad chicas, yo nací en Mataró porque mis padres, que son de Montilla, emigraron allí a buscarse la vida a principios de los setenta, y allí nos hemos criado mis cuatro hermanos y yo. Yo me tuve que venir otra vez para abajo por las cosas de la vida, porque me enamoré de uno de aquí, sabéis lo que os quiero decir, pero os digo, niñas, que sufro lo que está pasando allí como si viviera en una bocacalle de la plaza de Cataluña».

Salgo con la excusa de que se me hace tarde para la cita del banco y allí, en la sucursal, hay un trabajador entrado en años que no da más de sí. «No, no me diga que viene a abrir una cuenta para transferir fondos de donde usted y yo sabemos», le comenta a un jubilado enfurecido. «Me ha leído el pensamiento. Venga, los ahorros de mi vida a esta cuenta. ¿Que dicen que España nos roba? ¿Ah sí? Pues con mi pasta que no cuenten para sus locuras», le replica el pensionista. «Mis ahorros me los transfiere a esta cuenta. Pero ya. ¿Estamos?», concluye. «Que si mañana se lía a mí no me pillan ya». El empleado de banca se sincera al poco: «Mire, en lo que llevamos de mañana, y todavía queda, he recibido veinte transferencias importantes procedentes de entidades de donde usted sabe. Nosotros le explicamos a la gente que estas cosas tienen sus garantías, que sus ahorros no se los va a quitar nadie, pero no hay manera. El miedo y el pánico es lo más contagioso que hay. ¿Sabe lo que le quiero decir?».

Ya al final del día, con la noche crispada por las noticias que repiten los informativos hasta la madrugada y por los comentarios de los tertulianos, unos sosegados y sensatos y otros no tanto, cae en las manos una cita de un artículo de Gaziel publicado en 1933: «Nuestra verdadera característica, secularmente negativa, es la discordia, la intolerancia, la guerra civil, justamente la negación de toda política firme, duradera y coherente. Los españoles acogotamos o somos acogotados, tanto de puertas afuera como de puertas adentro». Pues eso.