DESDE SIMBLIA

4 de diciembre

El desarrollo autonómico no contemplaría el «hecho diferencial» al que algunos nacionalismos del norte aspiraban

José Calvo Poyato
CÓRDOBAActualizado:

En Andalucía el 4 de diciembre de 1977 fue una de las fechas emblemáticas de la Transición. Esos años, claves en la historia más reciente de España, y que algunos consideran como un intento fallido de instaurar una verdadera democracia —es conveniente señalar que uno de los modelos que tienen de verdadera democracia es la Venezuela de Maduro—, que permitiera una salida verdadera a la dictadura franquista. Ignoran, como muchas otras cosas, que el pacto que permitió la Transición fue fruto de un diálogo que no perdió de vista el momento histórico por el que atravesaba la España del momento. Aquella transición, que ahora es denostada por algunos, ha permitido que el país viva uno de los periodos más fructíferos de su historia.

El 4 de diciembre de 1977, del que hacen ahora cuarenta años, se vivió en todas las capitales andaluzas —también en alguna localidad no capitalina— con las calles llenas por centenares de miles de personas —la cifra más probable es la de millón y medio— que pidieron autonomía para Andalucía. En Málaga unos disparos de la entonces policía armada, cuyo autor nunca se identificó, acabaron con la vida del militante de Comisiones Obreras Manuel José García Caparrós. Ensangrentando una día que era de manifestación cívica.

Por aquellas fechas de finales de 1977 se planteaba la configuración de una nueva forma de Estado —el proyecto de Estado de las Autonomías se debatía en las Cortes Constituyentes elegidas en junio de aquel mismo año— y se empezaban a barajar los conceptos de nacionalidad y región para distinguir, más allá de lo que era puro nominalismo, el estatus de las regiones. Lo que en aquel momento se dilucidaba era la existencia de autonomía, entendida como asunción de competencias políticas, para determinadas regiones que gozarían de un estatus especial. Esa era la razón de la petición de autonomía para Andalucía en aquel 4 de diciembre de hace cuarenta años.

La Constitución que se aprobaría un año más tarde —referéndum del 6 de diciembre de 1978— contemplaba la posibilidad de acceso a la autonomía de cualquier región, pero establecía una diferencia sustancial. Para la autonomía de las llamadas nacionalidades históricas —eran así consideradas Cataluña, País Vasco y Galicia— se reservaba la vía del artículo 151 de la Constitución, mientras que el resto lo haría por la vía del artículo 143. La diferencia entre ambos artículos era sustancial. Mientras el 151 permitía la asunción de competencias políticas que hasta entonces habían sido ejercidas por el Estado, en caso de accederse a la autonomía por la vía del 143 a lo que se llegaba era a una simple descentralización administrativa. Si el Estado autonómico se desarrollaba de acuerdo con esos planteamientos, quedaba establecida una España de dos velocidades. Las tensiones fueron muy fuertes y en Andalucía desembocaron en la convocatoria de un referéndum el 28 de febrero de 1980 que hizo saltar por los aires aquel diseño autonómico y dio lugar al llamado «café para todos». Es decir, el desarrollo autonómico no contemplaría el «hecho diferencial» al que algunos nacionalismos del norte aspiraban.

Hoy algunos pretenden reescribir aquellos acontecimientos. Pablo Iglesias Turrión ha comparado las ansias de autonomía de los andaluces que protagonizaron aquel 4 de diciembre en la calles, con el proceso del independentismo catalán. No sólo supone ignorar el curso de los acontecimientos que configuran la historia, sino tergiversarla según sus particulares puntos de vista. No es la primera vez que lo hace.

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