75 ANIVERSARIO

Un reguero de fe incalculable

Jesús Rescatado y la Virgen de la Amargura procesionaron de forma extraordinaria hasta la Catedral

Jesús Rescatado en el interior de la Catedral
Jesús Rescatado en el interior de la Catedral - ROLDÁN SERRANO
R. C. M. - abccordoba Córdoba - Actualizado: Guardado en:

No era Domingo de Ramos, pero lo parecía. Por parecer, lo vivido ayer podía haber sido hasta un sueño, pero no lo fue. El «Señor de Córdoba» salió a la calle y de nuevo obró el milagro. Ése que hace que los siglos pasen por su rostro, pero no por su mirada. Cautivadora, dulce e inmutable al paso del tiempo. Un halo de magia que hace posible que por más veces que procesione, de forma ordinaria o excepcional, uno nunca se canse de mirarlo. Porque en su morena cara no hay problema que no encuentre consuelo, ni plegaria que no obtenga respuesta. Será por esta razón por la que Córdoba nunca falla a su llamada. A la de Él y a la de su bendita Madre de la Amargura, que ayer también quiso ser partícipe de la jubilosa celebración del 75 aniversario fundacional de la hermandad en la que ambos reciben culto.

Eran las cuatro de la tarde y en la siempre pintoresca Plaza del «Alpargate» llegaba el momento esperado desde hace meses. Con puntualidad británica, el cortejo de la hermandad del Rescatado, con su cruz de guía al frente, se ponía en marcha camino de la Mezquita-Catedral. Minutos más tarde, la corneta entonaba la Marcha Real y ahí estaba Él. Ataviado con la túnica morada que le regalara la Duquesa de Medinaceli y rodeado de claveles rojos, como los que cada viernes los fieles compran en la puerta de la parroquia de Nuestra Señora de Gracia como ofrenda para pedir por su intercesión divina. Con caminar ligero y sereno, el paso dorado se adentraba en la plaza trinitaria con marchas de corte clásico como «Réquiem» o «Amor de Madre», interpretadas por la Banda de Cornetas y Tambores  de Coronación de Espinas.

La comitiva fue recibida por varias hermandades en la puerta de los templos por los que pasó el Rescatado

Tras el paso, la Cruz Alzada, varias parejas de cirios, miembros de otras hermandades y una representación civil y militar que anunciaba la llegada de la Virgen de la Amargura, que, a diferencia del Domingo de Ramos, cerraba la comitiva. Vestida como antaño, con la saya roja y el manto azul bordado en aplicación, la Dolorosa que tallara José Callejón, y posteriormente restaurara profundamente Martínez Cerrillo, lucía rosas color champagne, orquídeas, rosas de pitiminí y statis blanco y morado. Además de esta variedad floral, en las piñas del frontal, portaba unas llamativas varas de nardos. Iluminado por un sol radiante, el palio de la Amargura se adentraba por la calle María Auxiliadora, donde la esperaba la hermandad del Prendimiento.

La parroquia de San Lorenzo y la de Puerta Nueva también fueron testigos de este momento histórico con el recibimiento fraternal de sus corporaciones. Con paso ligero y acompañado cada vez por más devotos, el Nazareno Rescatado arribaba al popular barrio de San Pedro, por cuya basílica pasó con la marcha «Misericordia isleña».

Pontifical en la Catedral

A las 19.35 horas, la cruz de guía de la corporación trinitaria se colocaba bajo la Puerta del Perdón para hacer su entrada a un concurrido Patio de los Naranjos, en el que pronto asomaron los faroles del paso, que hacía su entrada al interior de las naves catedralicias con «Coronación» y la Marcha Real pocos minutos antes de las ocho de la tarde. Por su parte, la titular mariana, con la candelería completamente encendida, accedía al Patio con la marcha «Amargura», interpretada por la Banda de Música Manuel Garín, de Linares. Una vez en el interior del templo, ambos tronos se situaron en la capilla de Villaviciosa, donde tuvo lugar el solemne Pontifical del 75 aniversario, oficiado por el obispo de la Diócesis, Demetrio Fernández.

Caída la noche sobre la Mezquita-Catedral, la hermandad del Rescatado regresaba a su sede canónica perdiéndose por los recónditos rincones de la judería. Un juego de luces y sombras con la silueta del Cristo maniatado que tan sólo unos pocos privilegiados pudieron disfrutar por motivos de seguridad. Especialmente emotivo fue el posterior encuentro en la Plaza de Capuchinos con las tres hermandades que allí tienen su templo. Además, se trataba de una cita histórica, ya que a este punto acudió el Rescatado en su primera salida procesional con la hermandad para visitar a la Virgen de los Dolores. Sin duda, las dos grandes devociones de la Semana Santa cordobesa.

Instantes más tarde, los pasos bajaban la Cuesta del Bailío para deleite de la multitud congregada. Once horas de recorrido para una hermandad que suma 75 años de vida pero que atesora una devoción incalculablede más de tres siglos bajo su cautivadora mirada.

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