Joaquín de Velasco, durante el pregón de glorias de Córdoba
Joaquín de Velasco, durante el pregón de glorias de Córdoba - RAFAEL CARMONA
PREGÓN

Joaquín de Velasco anuncia con un ramo de oraciones en verso las glorias de una «Córdoba soñada»

Emociona al auditorio con un canto a las advocaciones marianas letíficas

CÓRDOBAActualizado:

El verbo cantar no es una simple metáfora para hablar del pregón con que el cofrade Joaquín de Velasco anunció en San Miguel el tiempo de gloria. Su intervención fue casi totalmente en versos, aunque con estrofas distintas para las principales advocaciones, y sus palabras arrancaron aplausos en más de una ocasión.

Comenzó con un recuerdo a su compañero Manuel Martínez Lagares, fallecido en diciembre, y continuó con una declaración de amor a la ciudad en sus devociones, que resumió en la Fuensanta: «El Cielo tiene que ser una Córdoba soñada de la mano de María la Virgen de la Fuensanta». Siguió por la Resurrección y la Virgen de la Luz y dedicó unas décimas a la singularidad de la Virgen del Rayo. «Que se han roto las tinieblas, que viene la Luz triunfando del Campo de la Verdad, cruzando el Puente Romano», clamó Joaquín de Velasco, colaborador de la revista de ABC Pasión en Córdoba.

Por ellas llegó hasta las romerías de primavera y se dirigió a la Virgen de Linares también con versos que hablaban de su origen -«Dicen que de Linares / hasta tu otero / te trajo San Fernando, / Reina del Cielo»- y también se preguntaban cuándo volvería a pisar la ciudad desde su santuario. Recordó a la Virgen de Fátima y le encomendó la protección del barrio que lleva su nombre y ahí llegó uno de los momentos más originales del pregón, al ofrendar a la Virgen del Rocío su canto más tradicional: las sevillanas. «Rociero, ¿Cómo suenan las campanillas de barro de la Fuensanta en la aldea cuando llega el simpecado?», era una de las estrofas, mientras en otras invitaba a enseñar «a quien nunca hizo el camino cómo ver al Redentor en la cara de su Niño».

En unas sevillanas invitó a los rocieros a explicar «a quien nunca hizo el camino cómo ver al Redentor en la cara de su Niño»

Habló luego de la Virgen de la Cabeza y del «eco de ese rezo de toda la gente buena que peregrina al Cabezo desde la Córdoba eterna», y acto seguido, tras pedir silencio para su Niño dormido, ensalzó a Nuestra Señora del Amparo, titular del Huerto: «Lleva las tres azucenas la que nació sin pecado que preludian una espina de noche de Jueves Santo». La banda de la Esperanza intervino en ciertos momentos del pregón con marchas vinculadas a las mismas advocaciones de gloria.

«Dejadla, que está dormida, que ya ha vencido a la muerte, que ninguno la despierte, más suave la mecida», dijo de la Virgen del Tránsito

El pregón viajó al barrio de San Lorenzo con todas sus advocaciones, como Remedios, Victoria, Villaviciosa y María Auxiliadora, y a Capuchinos, con la Reina de los Ángeles. Cantó luego al Socorro y también a la Virgen del Tránsito: «Mirad como va dormida, y al cielo de San Basilio los ángeles en concilio la llevan en su subida».

Tuvo palabras para la Virgen del Carmen («Mas, si un día te olvidare Virgen del Carmen, Señora, haz que llegada mi hora tu capa blanca me ampare») antes de terminar con San Rafael «que tiene en Córdoba su casa». «Bendita ciudad de Dios, esta Córdoba mariana que guarda sus devociones entre los pliegues del alma. El cielo tiene que ser esta Córdoba soñada».