HISTORIA

La imagen que inspiró al Rescatado de Córdoba

El Cristo de Medinaceli de Madrid, una talla del siglo XVII, fue capturado y vejado hasta su liberación por la orden trinitaria

Cristo de Medinaceli en devoto besapiés
Cristo de Medinaceli en devoto besapiés - ARCHIVO
R. C. M. - abccordoba Córdoba - Actualizado: Guardado en:

El próximo sábado, 1 de octubre, Jesús Rescatado saldrá en procesión con motivo del 75 aniversario fundacional de la hermandad. Sin duda, la imagen del Nazareno es una de las más veneradas de la ciudad. Tan sólo hay que pasarse un viernes por la parroquia de los Trinitarios para ver la cantidad que fieles que acuden semanalmente a ver a Jesús Rescatado. Una visita que se convierte en obligada el primer viernes de marzo.

Pero, ¿dónde nace la devoción del Nazareno? ¿Quién lo inspiró? La respuesta hay que buscarla en la figura de Jesús de Medinaceli en Madrid. Imagen de la primera mitad del siglo XVII de 1,73 metros de altura que es centro de una veneración incalculable y que arrastra una apasionante historia  de cautiverio y rescate vinculada con la orden trinitaria.

La imagen de Jesús de Medinaceli se realizó por encargo de la comunidad de los Padres Capuchinos de Sevilla, quienes la llevaron a la colonia española de Mámora en el norte de África. El día 30 de abril de 1681, Mámora cayó en manos de Musley Ismael y su ejército y la imagen del Nazareno fue también capturada y llevada a Mequínez. La historia atestigua por orden expresa del Rey Muley, la imagen fue arrastrada, vejada y escupida por las calles de Mequinez en señal de odio contra la religión cristiana y hasta algunos aseguran que fue arrojada a los mismos leones.

Treinta monedas de oro

Esta fechoría fue vista por un fraile trinitario, que arriesgó su vida y se presentó ante el mismo sultán, solicitando el rescate de la imagen como si se tratara de un ser vivo. Se dice que el rey le permitió al padre trinitario custodiar la imagen, hasta que reuniera el dinero para su rescate, amenazándole que, de no hacerlo así, lo quemaría a él y a la imagen. Posteriormente, y tras una mediación, lograron convencer al rey Muley de que tasara el rescate de la imagen pagando su peso en oro. La leyenda asegura que la balanza se equilibró exactamente cuando se acumularon treinta monedas, la cifra que recibió Judas por entregar a Jesús.

La primera advocación popular que tuvo la imagen del Cristo fue la de «Jesús del Rescate». La imagen, pasó después a Tetuán, de allí a Ceuta, y por Gibraltar a Sevilla, hasta llegar a Madrid en el verano de 1682 con fama de milagrosa. Ese mismo año se organiza la primera procesión a la que asiste todo el pueblo, junto a la nobleza y casa real. Desde entonces, se establece un vínculo con esta última y es tradición que cada primer viernes de marzo una persona de la realeza vaya a rezar ante el Nazareno.

Pero los vaivenes del Nazareno no terminarían aquí. La imagen se deposita en el convento de los Padres Trinitarios Descalzos, junto al que en 1689 se le erigió una capilla, donación de los Duques de Medinaceli. A consecuencia del decreto de Desamortización firmado por Mendizábal en 1836, la imagen volvió otra vez a peregrinar por Madrid, en esta ocasión hacia la iglesia de San Sebastián en la que permaneció diez años cuando, gracias a la influencia del Duque de Medinaceli, volvió a la capilla del antiguo convento de Trinitarios. Fue en 1890 cuando, al derribarse el convento de los Capuchinos de San Antonio del Prado, sus patronos, los duques de Medinaceli, pensaron instalar definitivamente en su nueva capilla la imagen del Cristo.

Escondida en un sótano

Pero en 1936 estallaba la Guerra Civil. Asimismo, el 13 de marzo de ese año, un grupo de devotos y vecinos consiguió evitar que la imagen fuese destruida por unos piquetes revolucionarios. Meses más tardes, los frailes ocultaron la imagen en un sótano, envuelta con sábanas y en una caja de madera, que fue descubierta posteriormente por Juan Manuel Oliva, jefe del batallón, que la entregó a la «Junta del Tesoro», que la trasladó rápidamente a Valencia. En marzo de 1938 fue transportada a Barcelona y desde allí, el día 3 de febrero de 1939, fue trasladada con todo el Tesoro Artístico a Ginebra.

Cuando terminó la guerra y fue recuperado el Tesoro, Don Fernando Álvarez de Sotomayor, representante del nuevo Gobierno español, consiguió que la imagen del Cristo saliera de Ginebra el día 10 de mayo de 1939, siendo esperada con toda devoción en Pozuelo de Alarcón, pueblo cercano a Madrid. Allí fue recibida con honores militares y de ella se hizo cargo la Junta de la Real Esclavitud, llevándola a Madrid, momentáneamente al monasterio de la Encarnación. La víspera de la festividad de San Isidro, el día 14 de mayo, todo el pueblo de Madrid se organizó en solemne procesión acompañando la imagen hasta el altar de su templo en el que siguió recibiendo el culto y la veneración de multitud de devotos.

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