Javier y Antonio Luque, antes de la salida con la filial del Rocío
Javier y Antonio Luque, antes de la salida con la filial del Rocío - RAFAEL CARMONA
DISCAMINO

La dureza y felicidad de un camino sobre ruedas de Córdoba al Rocío

Javier Luque está haciendo el trayecto hasta la aldea con su hijo Antonio, con parálisis cerebral

CÓRDOBAActualizado:

Antonio Luque es un joven de 19 años con parálisis cerebral. Una circunstancia que no le está impidiendo hacer el camino con la hermandad cordobesa del Rocío gracias a una silla monorueda adaptada que ha conseguido con la ayuda y solidaridad muchas personas. Para completar esta hazaña, Antonio cuenta con la ayuda imprescindible de su padre, Javier Luque, que junto con otros dos peregrinos van haciendo turnos para portar este vehículo adaptado.

Después de los primeros días, el progenitor asegura que «el camino está siendo incluso más duro de lo que ya esperábamos, y eso que el tiempo está siendo muy bueno», aunque no lamenta su decisión ya que «ver la cara de felicidad de mi hijo lo compensa todo». El día comienza muy temprano para la familia Luque. «Hay días que salimos a las siete de mañana, pero para tener preparado a Antonio tenemos que levantarlo a las seis, pero no le pesa el madrugón, siempre nos regala una sonrisa», explica Javier.

El esfuerzo para los acompañantes de este joven está siendo titánico. «La silla necesita mínimo de dos personas tirando, más una tercera que va como refuerzo», expone el padre de Antonio. Además, «toda la logística la tenemos en una autocaravana, donde también hay más personas para ayudar». No obstante, la familia Luque no es la única que está haciendo el camino con unas duras circunstancias, ya que con ellos camina otro joven con parálisis cerebral y Gerardo, un asturiano sordo-ciego. Todos, con el proyecto Discamino.

Sin duda, Antonio y sus compañeros son los más mimados de la expedición. «Todo el mundo nos brinda su ayuda, su carreta, y la hermandad está siempre pendiente de si necesitamos algo durante el camino», señala Javier Luque. Aunque aún quedan muchos días, la aldea almonteña está cada vez más cerca. Allí, padre e hijo permanecerán hasta la presentación de la hermandad cordobesa ante la Virgen del Rocío. Luego, llegará el momento de descansar.