Crónica

Primeras berreas en el parque de los Arconocales de Cádiz

Los ciervos comienzan su periodo de celo en plena naturaleza a escondidas de ojos indiscretos

Los «venaos» se cruzan entre los jabalíes en el parque de los Alcornocales
Los «venaos» se cruzan entre los jabalíes en el parque de los Alcornocales
J.Padilla Jerez De La Frontera - Actualizado: Guardado en: Andalucía , Cádiz

Primeras berreas en el parque de los Arconocales de Cádiz. La cambiante meteorología ha modificado también los hábitos de los «venaos» y sus aparamientos no son sucesivos. Pero, dos o tres manadas, tímidas, se mueven a la caída de la tarde del pasado jueves para alimentarse y beber. Y con la misma naturalidad varias hembras de jabalíes se cruzan con sus jabatos entre los grandes cérvidos en un bosque mediterráneo salpicado de lentiscos y acebuches de gran porte, pero poca producción. Un espectáculo único aunque difícil de contemplar tanto porque el grueso de los bosques es de propiedad privada, la distancia de seguridad que hay que mantener y el silencio para evitar que los animales se asusten y no consumen su celo. De vez en cuando muflones de gran porte se entremezclan entre el resto de animales.

Nuestros anfitriones han dispuesto un parapeto de observación de camuflaje. A simple vista se ven los «venaos» pero los prismáticos de calidad son imprescindibles. «¿Hay corzos»?». Preguntamos. «Muy pocos y difíciles de ver. Son miedicas», dice uno de los trabajadores. Los dueños de la explotación, cercana a Alcalá de los Gazules, han montado repostaderos para que esta especie se pueda alimentar más fácilmente y se reproduzca. El corzo morisco es uno de los emblemas de los Alcornocales. 

Un gran macho ya ha triunfado. Domina un harén de quince o dieciséis ejemplares con varias crías y dos o tres hembras jóvenes. Una segunda planta cara a otro «venado» (nombre popular del ciervo en Andalucía) más joven, pero al final no salta la chispa y no se embisten. No ha choque de cornamentas. Los responsables de la finca miran con ojo avizor los movimientos de los ciervos. Se acerca la época de las grandes monterías. La actividad cinegética y la explotación ganadera del sabroso ganado retinto en régimen extensivo son las claves de la actividad económica y el mantenimiento de estas grandes manchas verdes. El terreno solo da para una agricultura de supervivencia. «La aceituna (muy pequeña) no merece la pena cogerla por el gasto que acarrea. Solo vienen algunas familias para moler un poco en plan casero. Pero sin interés económico». Tiene buena calidad.

Otra manada (se oye al fondo a un gran macho) se desinteresa de las otras y se confunde con los árboles. «Los venaos presentan actitudes y características diferentes dependiendo de su encaste y uno que a usted le puede parecer bueno no lo es realmente», nos explican. «Los de esta zona son de «adn» español que presentan características diferentes a los centroeuropeos». Son los cazadores expertos quienes valoran unas y otras y las famosas puntas de los trofeos. Los periodistas presentes, ajenos a la materia, miramos a los bichos en plan jóvenes castores de Disney viendo «bambi» pero en un escenario natural.

Grandes trofeos

La sala de nuestros anfitriones (que prefieren guardar el anonimato) alberga grandes trofeos, muchos abatidos en la misma finca. Hay una cornamenta de 26 puntas. El capataz, Patricio, se ha deslizado con fotógrafos para captar más cerca a los «venaos» desde una posición más óptima. Surge el tema tabú: furtivos. «Lo más temible son los «snobs». Se cuelan de noche con vehículos dotados con bateas de luces, prismáticos de visión nocturna, toda tecnología posible que podamos conocer…» Gente de dinero al que les pone el morbo de abatir ilegalmente un gran trofeo y que pueden en poner en peligro la vida de los guardas incluso. La Guardia Civil suele informar esta época de la captura de algunos estos desaprensivos en el Parque. El furtivo tradicional, el que busca carne, lo tiene más fácil. «Si simplemente se habla con los dueños se le sacrifica un animal y ya tiene sustento. Lo malo es el cazador criminal que no respeta nada».

La caída de la tarde frena la labor de observación. Descendemos por una inclinada pista que lleva a un arroyo. Una manada de cochinos no se aparta. Impertérrita se abreva. «Cuidao… que estos bichos sí pueden tener mala leche»…

 

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